Expresiones espaciales

El espacio organizacional se expresa en múltiples dimensiones

El manejo del espacio actúa como maestro, esculpiendo nuestras percepciones sobre una organización en un lugar determinado. Un sentido de lugar bien definido permite identificar a las organizaciones como un asunto integrado, como un ente tangible, como un sujeto activo que se distingue claramente de otros.

Desconocer dónde opera una organización nos inquieta, mientras que su capacidad de darnos un sentido de lugar alineado circularmente con su concepto identitario nos conforta. 

Howard Gardner, relaciona la inteligencia espacial con el conjunto de habilidades mentales relacionadas con la navegación y la rotación de objetos en nuestra mente, con nuestra capacidad de imaginar el espacio desde distintos ángulos para resolver problemas multidimensionales que pueden ser reales o imaginarios.

¿Crees que una organización puede mostrar inteligencia espacial al diseñar el espacio en el que opera, interactúa y habita? 

Las expresiones espaciales de una organización nos permiten ubicarla y significar el lugar en el que actúa, comprender el punto desde donde su influencia se expande. Sabemos que la falta de un sentido de lugar alineado con su esencia, se refleja en la disminución de la lealtad territorial, que genera la fuga de inversiones, talentos y energía. 

El descuido de los espacios es un síntoma de negligencia que muestra, pero además potencia el detrimento de la competitividad de una organización, mientras que la creación y mantenimiento de un espacio ordenado, limpio y congruente, que atiende a los detalles, se percibe como un acierto, se relaciona con una forma de vida que se interpreta como prospera, eficiente, floreciente y competitiva, lo que inevitablemente aumenta sus ventajas competitivas. 

Porque el espacio no está fuera de nosotros, ni fuera de la organización, es parte de lo que somos, de lo que percibimos como el medio ambiente que construimos y nos construye. 

Nuestra capacidad de ubicarnos en el espacio nos lleva a vincularnos con el tiempo, pues si en el pasado nos encontramos en el lugar del que venimos y en el presente el lugar en que vivimos nos indica dónde estamos, nuestras posibilidades futuras se expanden en función del lugar en que queremos estar.

¿Crees que tu relación con una organización pueda desvincularse en tu pensamiento del espacio en el que habita?

Cuando el espacio de trabajo y de vida de una organización, es física y emocionalmente disfrutable, nos permite percibirla como un asunto integrado, como un ente tangible, como un sujeto activo capaz de transformar lo que desea y dar resultados. 

Lo físico y lo virtual

Hoy reconocemos dos ámbitos a partir de los cuales las organizaciones se manifiestan y se comunican espacialmente con sus interlocutores: el físico y el virtual y aunque tienen algunas cualidades y características distintas, no son otros mundos, sino manifestaciones de una misma realidad. 

El concepto de virtualización se originó a finales de los años sesenta, cuando surgió el desarrollo de soluciones que permiten abstraer los recursos físicos del hardware para crear versiones virtuales en múltiples entornos de ejecución, realizar operaciones de forma simultánea y presentar los resultados generados en diversos servidores y aplicaciones como si fueran uno sólo, y de esa forma se encuentran disponibles en diferentes entornos.

En todo caso, podemos generar un sentido de lugar que considere aquellas cosas que suman al sentimiento de que la organización es especial, distinta a cualquier otra y que desde donde está puede generar experiencias significativas para las personas que interactúan para conformarla e interpretarla.

Hoy recibimos información del mundo físico y del virtual, y en ambos casos esa información se convierte en percepciones o representaciones que construimos y reconstruimos a partir de nuestra propia experiencia, de nuestro yo interno, de esa subjetividad a partir de la cual interpretamos el mundo y nos relacionamos con a las demás subjetividades en función de sus similitudes o diferencias con lo que sabemos o creemos saber. 

No es una novedad que dudemos que existe la verdad absoluta o la realidad  objetiva, de hecho cada vez más existen evidencias de que no existe. El antiguo juego del teléfono descompuesto, que nos ayudaba antaño a reconocer que un mismo dicho puede ser interpretado y reinterpretado hasta convertirse en otra cosa, otro hecho u otra verdad, ha llegado a los laboratorios cuánticos donde los científicos han comprobado que las partículas pueden entrelazarse de manera diferente y cambiar dependiendo de quién y cómo las mire.

Parece que todo lo que existe está inmerso en una conversación constante, en un diálogo continuo que al escuchar expresa y al expresar transforma, y así el espacio en que vivimos nos transforma al tiempo que lo transformamos. 

Esto no significa que los hechos no existan o que las cosas no existan, sino que su percepción e interpretación pueden ser subjetivos. El reto es ponernos de acuerdo para orientar lo que deseamos comunicar de manera que se perciba una idea lo más parecida posible a la nuestra, y en el caso de las expresiones espaciales, lo primero es ser conscientes de que el espacio en que vivimos nos expresa.  

Cuando Yi-Fu, desarrolló una línea de investigación desde la perspectiva humanista para comprender cómo experimentamos y comprendemos el mundo los seres humanos y de qué manera organizamos un lugar al otorgarle significados, encontró distintos elementos que acentúa o distorsionan la percepción de un lugar.

Cuatro variables para diseñar un espacio con sentido

Las organizaciones con sentido declaran su forma de ser en tanto diseñan, utilizan y se relacionan con el espacio que ocupan para generar vínculos de apego y pertenencia. Para lograrlo parece que hay cuatro variables principales en las cuales enfocarnos: 

  • La armonía escénica que tiene que ver con la forma como nos relacionamos con lo que existe en el espacio en que habita la organización.
  • La vinculación funcional que se conecta con la forma como la organización se desempeña y se mueve en ese espacio del que es parte.  
  • La legibilidad narrativa que es la forma como se describe o explica la experiencia que produce el espacio en el que está la organización.
  • Y el aliento espiritual que trasciende las percepciones racionales y se vincula con la energía que emite el espacio organizacional.

 

¿Cómo generamos armonía escénica?

La armonía escénica se vincula con la compatibilidad que la organización logra tener con el lugar o los lugares en que opera y de ahí con su entorno, con sus propósitos y con la experiencia de vida de quienes comparten el espacio biocultural en que vive e incide la organización.

La armonía escénica difiere en algunas cosas cuando hablamos de un espacio físico o virtual, aunque en ambos casos, se relaciona con la capacidad que tiene una organización para relacionarse con los propósitos de quienes habitan el lugar permanente o temporalmente; su capacidad para generar dependencias y vínculos personales con el sitio, su accesibilidad y la experiencia de vida de quienes lo habitan o lo visitan.

No sólo hemos de tomar en cuenta las características físicas o paisajísticas de un lugar o las tecnologías más vanguardistas, sino aprender a habitar el espacio en que vive y se relaciona la organización, lo que implica establecer vínculos relacionales y dependencias ambientales con los ecosistemas, la biodiversidad y las manifestaciones culturales de las localidades en que operamos. 

Y las localidades no son sólo una ubicación, son el entorno en el que las cosas significan, se relacionan y se interpretan. Son una experiencia dinámica que se construye por múltiples dimensiones.  

Las dimensiones más evidentes del espacio físico son lo largo, lo ancho y lo alto, que generan volumen y profundidad, pero hoy se habla de la cuarta dimensión que imaginamos y la quinta o sexta  o séptima que incluyen el tiempo y el movimiento y los recuerdos y las posibilidades individuales y colectivas. 

De cualquier forma la armonía escénica implica, simultáneamente, aprovechar el espacio en su conjunto y establecer distintas áreas públicas que faciliten la convivencia entre distintos grupos para diversos asuntos específicos o comunes que requieren áreas asignadas para casos particulares. 

El uso de los espacios públicos no depende de un título de propiedad, sino de su aprovechamiento equilibrado y consciente, que permita generar vínculos identitarios que los signifiquen, relaciones afectivas que los hagan nuestros y asociaciones que revitalicen la biodiversidad, las culturas y las relaciones entre las personas que compartimos el mundo. 

¿Los propósitos de tu organización se reflejan en el espacio en que está ubicada?

¿Para qué queremos lograr vínculos funcionales con el espacio que habitamos?

La vinculación funcional tiene que ver con la accesibilidad del lugar, es decir, con la posibilidad de llegar, adquirir y utilizar el lugar físico o virtual, lo que implica comprender las oportunidades y capacidades de los interlocutores y la habilidad de la organización para encontrar fórmulas que faciliten o dificulten la movilidad hacia ella y dentro de ella.

Que un lugar esté cerca y sea fácil de llegar, que las oficinas sean de puertas abiertas, que los aplicativos que usa la organización estén libres de derechos dará la sensación de ser un espacio accesible para todos.

Que esté lejos y sea difícil de llegar, que haya que realizar un trámite complejo, que sólo pueda entrarse con invitación, que sea necesario pagar una suma importante de dinero para estar, dará la sensación de ser un espacio exclusivo al que solo algunos pueden acceder.

¿Es mejor para tu organización ser accesible a todos o sólo a un grupo específico de científicos, académicos o miembros específicos?

Como en la mayoría de las cosas, ninguna de las opciones es buena o mala, solo pertinente o impertinente y tiene que ver con la personalización de los espacios, que implica seleccionar y comprender a los públicos con los que queremos interactuar para que se sientan especiales y generar así lealtad y sentido de pertenencia.

La experiencia de los interlocutores se vincula con la incorporación de todas las expresiones identitarias que inciden en la interpretación del espacio y de la organización misma y se convierte en un recuerdo perdurable que se hospeda en su memoria.

Les propongo analizar dos ámbitos de reflexión para establecer la vinculación funcional del espacio organizacional:

Alineación organizacional

  • Sentido de trascendencia. Representa la capacidad de comprender el desarrollo evolutivo de cada organización, lo que es y espera lograr, reconociendo el valor de las aportaciones más allá de su ámbito específico de responsabilidad, comprendiendo la compatibilidad del lugar en que opera la organización con su entorno y las dependencias ambientales que tiene con los ecosistemas, la biodiversidad y las manifestaciones culturales de los grupos con que se relaciona.
  • Planeación transformadora. Contempla un estilo de orientación activo y responsable, que permita  el empoderamiento individual al tiempo que fomenta la corresponsabilidad y colaboración entre los actores clave que intervienen en los procesos de planeación y desarrollo de la organización.
  • Planeación sistemática. Implica contar con mecanismos de identificación, evaluación, priorización, diseño, desarrollo y generación de soluciones orientadas al valor de los proyectos de la organización.
  • Contribución multidisciplinaria. Considera el trabajo colaborativo y la integración de grupos de conocimientos múltiples, con diversos perfiles y áreas de especialidad.
  • Identificación de grupos de interés. Comprende el diseño de servicios personalizados y contextualizados a partir de las necesidades de los diferentes grupos de interlocutores,  para crear servicios y los sistemas para su gestión, hasta la manera en que se organizan y presentan.
  • Interoperatividad. En lo virtual es la capacidad de vincularse con sitios, servidores y aplicativos, en lo físico con proveedores, colaboradores y otras organizaciones que representan oportunidades estratégicas.

Flexibilidad y adaptabilidad

  • Apertura al cambio. Que aumente la posibilidad de adoptar nuevos paradigmas y reaccionar, oportunamente, frente a las oportunidades que ofrece el entorno.
  • Aprendizaje participativo. Implica la capacidad de aprender de manera acelerada, de forma autónoma y colectiva, desarrollando nuevas destrezas para utilizar los recursos presenciales del  entorno para generar comunidades de aprendizaje colaborativo y gestión del conocimiento.
  • Confiabilidad.  Provee la posibilidad de integrar información de manera efectiva y aumentar la capacidad de absorción de los miembros de la organización.
  • Evolución progresiva. Implica la habilidad para reaccionar y adaptarse al crecimiento continuo, de una manera fluida y sin perder la esencia de lo que se es.
  • Lenguajes unificados Se refiere a la estandarización semántica de conceptos, fórmulas y representaciones que puedan ser asumidos por los miembros de la organización.  
  • Personalización. Se relaciona con habilitar la interacción con los usuarios o interlocutores con los que queremos convivir, teniendo en cuenta sus capacidades personales, sus momentos de vida y sus necesidades particulares.

¿Cómo narra el espacio nuestra historia? 

La legibilidad narrativa es otra cualidad indispensable para el diseño de los espacios que buscan expresar lo que la organización es, pues se relaciona con la comprensión de la experiencia en ese espacio propio que traduce de forma consistente lo que nos da sentido.

En este ámbito se interpretan los nombres de los lugares, que pueden relacionarse con las características físicas de un sitio, con nombres de personas relevantes que pasaron por ahí con eventos históricos que ahí sucedieron o con palabras comunes o inventadas cuya acepción no necesariamente logra relacionarse con otra.

Existen distintos argumentos y polémicas sobre la pertinencia de traducir los nombres de los lugares o mantener su idioma original, o de circunscribir su significado a su origen etimológico, pues los nombres de los lugares con sentido eventualmente se vinculan con significados nuevos que los redefinen, e incluso se convierten en adjetivos que califican un tipo de personalidad, un estado de ánimo o un temperamento.

Por ejemplo, durante muchos años, el nombre de Teotihuacán, que es una de las zonas arqueológicas más importantes de México, se tradujo como el lugar en que los hombres se convierten en dioses. Hace un par de años, un estudio realizado por el INAH sostiene que en realidad el nombre de la ciudad antigua aludía a que ahí se nombraba al Sol, es decir, al legítimo gobernante de la región. Y yo me pregunto, ¿qué significa para quienes cuentan y escuchan su historia cada día?

¿Qué tal el Valle del Silicio o Silicon Valley en la Bahía de California, que se ha convertido en hogar de cientos de corporaciones tecnológicas pequeñas o gigantescas y hoy significa innovación? ¿O París que bien vale una misa o Río de Janeiro que se viste de carnaval todos los años? ¿Qué dice de ti tu lugar favorito? ¿Qué dice ese lugar de las organizaciones que ahí habitan?

La narrativa que da legibilidad al espacio de la organización, nos permite interpretarlo a partir de las historias y leyendas que surgen de la comunidad o que se van contando por el mundo sobre esa organización para ubicarse en ese espacio en el que los interlocutores interpretan, comprenden y comparan su propia realidad con los mundos imaginarios que convocan las diferencias que encuentran en los lugares en que habitan otras organizaciones.

Tiene que ver con el arte de contar lo que somos a través de historias que nos conecten desde todos los ámbitos relacionales, tocando lo racional, lo emocional, lo sensorial y lo instintivo.

La narrativa de una organización y su ubicación en un sitio determinado puede suceder de forma espontánea o premeditada. Entre más se vincule con los valores arquetípicos universales que puedan ser interpretados desde el subconsciente colectivo, mejor será su legibilidad desde cualquier idioma o contexto en que se interprete.

¿Qué se cuenta sobre el espacio en que habita tu organización?

Aliento espiritual

El aliento espiritual no es una cuestión religiosa sino energética. Se relaciona con la posibilidad de que un lugar, en particular, se vincule con el espacio universal que trasciende el presente y nos liga con el futuro, que va más allá del mundo físico o virtual, pues  nos permite conectarnos íntimamente con la organización, con nosotros mismos, con el entorno y con el todo.

Es aquello que relaciona el espacio en que habita una organización con su sentido de trascendencia, desde donde se energiza y se expande para transformar la realidad que busca transformar

El aliento espiritual se vincula directamente con el sentido de trascendencia que incluso engloba y extiende el espacio-tiempo en que la organización se desempeña, de manera que sus resultados adquieren un carácter permanente que da sentido póstumo a todo lo que se hace, y que incide en lograr un mejor mundo en el que todos queremos vivir.

¿Cómo mueve tu organización al espacio que la contiene?

Un sentido de lugar bien definido

Un sentido de lugar bien definido, ayuda a identificar a las organizaciones como un asunto integrado, como un ente tangible, como un sujeto activo que se distingue claramente de otros, pues el espacio en que vive esculpe nuestras percepciones y refuerza su identidad.

Trabajar en conjunto con todas las variables que actúan en la interpretación de nuestra organización nos permitirá establecer vínculos profundos y significativos que nos den y nos hagan sentido.

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