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¿Por qué un sistema de manejo de visitantes?

Por Alejandra Zorrilla

Actualmente uno de los principales desafíos a los que nos enfrentamos en el turismo, como en otros sectores y disciplinas, es abordar la complejidad, la fluidez, la diversidad y la velocidad de cambio que actualmente reconocemos como cualidades esenciales del funcionamiento del ambiente que nos define y nos incluye.

Las disciplinas científicas que en el pasado buscaron un consenso racional de los saberes,  nos llevaron a circunscribir la concepción de riqueza y bienestar, a encasillar el potencial de nuestro destino y a estudiar la experiencia humana a partir de un conjunto de categorías estructuradas rígidamente en teorías, modelos y paradigmas estáticos.

Hoy la inflexibilidad se cuestionan en todos los ámbitos del conocimiento y hablamos con soltura de resiliencia, plasticidad, renovación, innovación y relatividad. Cada vez más, reconocemos que el potencial de desarrollo, la competitividad y la capacidad de carga de cada localidad dependen de sus atributos diferenciadores y que el reto del desarrollo sostenible y competitivo no es estandarizar, sino diferenciar.

 

Cada localidad es única

Las localidades se distinguen unas de otras por una serie de factores que interactúan para determinar sus características únicas, aunque como aún no sabemos cómo abordar las singularidades, seguimos tratando meter todo en cajas mientras buscamos desesperadamente pensar fuera de la caja para innovar.

Así, a veces tratamos de clarificar a los destinos por su tamaño, aunque algunos crecen tan rápido que cambian de rango cada año y automáticamente se desactualizan nuestros sistemas de información. A veces las generalizamos en función de las actividades productivas que se desarrollan en cada una, sin alcanzar a comprender la diferencia que generan los diversos modelos de producción, o las empaquetamos por las características geográficas, bióticas y climáticas que determinan la fragilidad de los ecosistemas.

También pretendemos agruparlas en función de su accesibilidad y su capacidad de vinculación o por la presencia y nivel de desarrollo de infraestructuras y servicios turísticos, culturales, ambientales, públicos, privados y sociales que facilitan su accesibilidad física, perceptual y comercial.  

Las ordenamos por las condiciones y particularidades de su patrimonio tangible e intangible, aunque se nos está complicando porque estos dos atributos han dejado de considerarse como dos categorías cerradas para entenderse como dos caras de la misma moneda.  

Pocas veces tenemos en cuenta que las localidades turísticas se diferencian también por el perfil y el comportamiento de los visitantes que llegan a ellas en diferentes momentos, con diferentes actitudes, con diferentes intereses y con diferentes intenciones.

 

Los turistas también modelan el carácter de los destinos

Los turistas son también elementos diferenciadores y dinamizadores del entorno, son quienes al elegir una localidad la convierten en destino y en conjunto conforman un flujo que mueve e influye en el carácter local.

La capacidad de carga o número de turistas aceptables de un sitio depende de sus características propias, pero también del perfil de los visitantes. No es lo mismo un grupo de veinte personas silenciosas que observan respetuosas el hábitat de una zona protegida, que tres individuos revoltosos que se acompañan con música electrónica expedida a más de cien decibeles y una bolsa para extraer recuerdos vivos de la selva o reliquias ancestrales de una zona arqueológica apartada.

El reto al que nos enfrentamos hoy no es solo contar cuántos visitantes llegan a un destino, sino hacernos cargo de sus movimientos e incidir en su comportamiento de manera decidida y eso solo es posible cuando sabemos cuándo los queremos, cómo los queremos y para qué los queremos.

Existen muchas evidencias que nos indican que una misma persona se comporta distinto en un lugar diferente, que las reglas de cada lugar nos provocan    

 

La complejidad nos asusta

Desde esta compleja perspectiva, pretender establecer un modelo rígido o encontrar una fórmula generalizada para desarrollar el turismo en todas las localidades parece improcedente.  Pero trabajar desde cada localidad de forma particular, considerando las singularidades del espacio-tiempo y su constante dinamismo parece inalcanzable… a menos de que cada localidad se autogestione. ¿Será posible lograrlo?

Tal vez si dejamos de pensar en cuadrículas y procesos lineales como en la era industrial y aprendemos a pensar en redes podamos navegar mejor en territorios móviles y espacios multidimensionales. Las redes nos provee una una estética de pensamiento que nos facilita ordenar la complejidad, armonizar con el devenir transformador de nuestro entorno, e incidir en él desde la multidimensionalidad del turismo.

 

Un sistema de manejo de visitantes

Desde aquí surge la propuesta de desarrollar sistemas de manejo de visitantes que tengan como finalidad utilizar conscientemente a los visitantes como elementos dinamizadores de las localidades y al turismo como eje articulador de una cultura sistémica, participativa, capaz de autoevaluarse, administrar el cambio y generar un proceso de mejora continua.

Los denominamos un sistema y no un modelo porque no se trata de crear plantillas estandarizadas, sino de integrar instrumentos y herramientas que nos permitan trabajar desde lo local en función de las necesidades particulares de cada localidad y su implementación no es lineal, ni jerárquica, sino iterativa.

Para implantarlo en las comunidades es necesario utilizar instrumentos de planeación y acción participativa y no de manipulación participativa. La línea entre manipular y decidir de manera conjunta es delgada. Necesitamos trabajar en crear mecanismos que favorezcan la comunicación, el aprendizaje y la colaboración de las personas que intervienen en el proceso de desarrollo del sistema, que faciliten la cocreación y la apropiación de nuevos conceptos, que impulsen la acción coordinada y la capacidad de tomar decisiones consientes de los actores locales. Estos procesos requieren tiempo y paciencia y funcionan diferente en cada comunidad, pues dependen de lo madura que sea su capacidad de trabajar, planear y tomar decisiones en conjunto.

 

La identidad solo existe frente a la otredad

Para el sistema de manejo de visitantes el pretexto de todo son los visitantes, pues hemos encontrado que ellos son el amigo o enemigo común, son los otros que nos permiten identificarnos como nosotros y nos impulsa a trabajar en conjunto por un objetivo común.

La idea es provocar que cada comunidad se haga cargo de establecer estrategias para que los turistas tengan experiencias más significativas y recomienden el destino, para que se incrementen y distribuyan mejor los beneficios de la actividad al tiempo que se minimizan sus impactos negativos, pero el objetivo superior y el resultado del proceso es que los pobladores se vayan responsabilizando de planear su destino en el sentido más amplio de la palabra.

Así, la finalidad del sistema de manejo de visitantes no es solo pasear turistas que se vayan más contentos, gasten más y ensucien menos, sino utilizar su presencia para fortalecer la conciencia personal y colectiva en las localidades que los reciben y así colaborar para rempulsar el desarrollo de una cultura democrática, coresponsable y participativa que tanta falta nos hace en el país.

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Publicado en Alejandra Zorrilla, Desarrollo Comunitario.