Paradigmas y análisis del discurso del turismo cultural

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En este artículo exploraremos algunas referencias del capítulo La insistente persecución del turismo y la cultura del libro El Tiempo y el Espacio de los Viajes Culturales además de otras nuevas reflexiones que nos invitan a repensar algunos paradigmas que nos llevan a actuar de una u otra manera al gestionar el turismo. 

Les invito a utilizar su experiencia para reconocer lo que aplica en su caso particular, en su entorno, en su sistema y dejar que fluya su intuición.

Por favor, tengan en cuenta que no pretendo contar la historia de la humanidad o del turismo o de la cultura, sino compartirles las preguntas que me pregunto a cada rato cuando escucho o leo lo que se dice sobre la historia de los viajes.

Existen una serie de referencias, mitos, leyendas y personajes que se consideran prototipos de viajeros o destinos culturales que hablan entre líneas y que a veces, sin querer repetimos sin pensar, construyendo paradigmas que limitan o distorsionan nuestra percepción de las cosas. 

Cada discurso manifiesta pensamientos, ideas, creencias, razones, sentimientos y posiciones de una persona, una época o un sistema.

Analizar lo que contamos y cómo lo contamos, nos puede ayudar a descubrir nuevas formas de describir los hechos para encontrar nuevas maneras de comprender este interesante binomio del turismo y la cultura. 

Contenido

Explorando documentos sobre la  historia del turismo, que se persigue incansablemente con la cultura, he encontrado que los cuentos que nos contamos se mezcla con leyendas que si analizamos desde nuestro tiempo, nos puede ayudar a encontrar al menos unas veinte preguntas sobre los hilos que mueven la práctica viajera y a escudriñar los mitos que hemos creado al contemplarla.

El futuro comienza en el pasado…

De acuerdo con mi análisis de los discursos dominantes, hay cuatro posturas principales frente al momento en que se origina el fenómeno turístico.

Turismo: un fenómeno económico masivo

Algunos especialistas consideran que los viajes que se realizaban en la antigüedad, el medioevo e incluso el renacimiento, no pueden considerarse propiamente como turísticos, pues opinan que el fenómeno se define en función de la masificación de los grandes desplazamientos de viajeros y la libertad de movimiento, que creció exponencialmente gracias al desarrollo tecnológico, particularmente del transporte aéreo, que sucedió a partir de la segunda guerra mundial, aunado a la búsqueda del ocio como principal motivador de los viajes. No todos estamos de acuerdo, aunque sabemos que esta guerra fue un parteaguas que cambió en gran medida la manera en que  hoy suceden las cosas.

Turismo: un fenómeno industrial

También están quienes consideran que el comienzo del turismo sucedió a principios del siglo XIX, cuando el señor Tomas Cook organizó los primeros viajes estilo todo incluido. Este tipo de viajes, han sido considerados por diversos autores como la expresión de un producto terminado, aunque otros difieren, considerando que los viajes que se realizan de forma independiente ya sea reservando cada elemento por cuenta propia o incluso en transporte propio, en hogar propio o de familiares y amigos es tan turismo como aquel que se compró a través de los intermediarios turísticos.

Turismo: un fenómeno educativo

Están también quienes sostienen que el turismo propiamente dicho comenzó en el siglo XVII, cuando se acucñó la palabra tour que significa acción de movimiento y retorno para definir los viajes que realizaban los jóvenes ingleses al continente como parte de su educación. Se dice que en aquellos tiempos se acuñaron frases como:  “Casi no se estima a un hombre que no ha abandonado nunca su hogar”. Ser una persona viajada se convirtió en una especie de certificado de ser conocedora, emprendedora y de mente abierta. 

Turismo: un fenómeno social

Otros más, se cuestionan sobre quién o quienes habrán sido los primeros viajeros que salieron de casa por la curiosidad que les causara la exploración de un lugar diferente a su lugar de residencia. 

Ellos buscan los antecedentes más remotos y escudriñan los motivos y relaciones que dan sentido a este humano deseo de conocer el mundo al viajar, así como las implicaciones de encontrarse con otras formas de ser, de comprender, de crear y de pensar, y nos ilustra con referencias de personajes que se consideran prototipos de turistas, así como con caracterizaciones de algunos destinos que decidieron y pudieron visitar. Evidentemente, estoy en este grupo, aunque reconozco que todas las demás posturas tienen un motivo.

Los visitantes y los visitados

Los hombres adquieren su condición humana con ese rumor de historias que les acompañan a lo largo de su vida. Michel Tournier

Algunos autores estudiosos de la prehistoria, más que del turismo, mencionan que el deseo de viajar existe desde que el hombre es hombre, que la necesidad de sobrevivir o vivir mejor y la curiosidad del descubrimiento han motivado a personas y grupos a desplazarse a sitios desconocidos y recuerdan a aquellos primeros humanos que se desplazaban a unos cuántos kilómetros de casa y a los que emprendieron el primer gran viaje desde África hacia Asia y Europa hace más de cien mil años.

¿Los humanos tenemos un origen común y  hemos turisteado por la tierra desde siempre?

Imaginar cómo sería el turismo antes de que comenzamos a portar el gen FOXP2, que de acuerdo con recientes descubrimientos es el responsable de la fabricación de la proteína indispensable para el funcionamiento del lenguaje y dominar la sintaxis, podría ser un ejercicio poco provechoso para explorar los orígenes del turismo. 

¿Se imaginan el turismo, a la cultura o a la historia de la humanidad sin palabras, sin dilemas y sin discursos?

Humberto Maturana dice que lo humano existe en el proceso del conversar, de lenguajear, de generar y compartir palabras para comprendernos y convivir, y Alzira Moisés nos invita a reinventarnos a través de recontar nuestras historias personales. 
Yo me pregunto siempre si al recontarnos la historia o al menos reflexionar sobre lo que decimos sobre ella, podemos crear nuevos modelos que generen mayor armonía entre las personas, la naturaleza y el tiempo que estamos viviendo. 

Los reyes viajeros

Después de decir que la humanidad siempre ha viajado, en más de una ocasión he encontrado que el famosísimo Hammurabi, rey de Babilonia, fue el viajero más antiguo que se conoce. Por ahí lo nombran «el primer conductor de peregrinaciones». ¡Nos encanta dar títulos a los primeros que hicieron algo, cuando todo es un proceso! Pero en fin.  

Se dice también que Hammurabi logró transformar su modesto reino en el amplio imperio que abarcaba incluso territorios fuera de Mesopotamia, y que dictó su famoso código de las buenas costumbres por ahí del siglo XVIII a.C, es decir, hace unos cuarenta mil años.

Parece que  el monarca disfrutaba viajar a las diferentes ciudades de su territorio, acompañado por su séquito, para conocer las costumbres de sus súbditos y asistir a fiestas y ritos sacerdotales. No cabe duda, viajar es una muy buena manera de aprender. ¿Será que Hammurabi fue el primer turista sobre la faz de la tierra, o lo recordamos porque era rey?

Tal vez la presencia de Hammurabi en la historia del turismo deja implícito que, en sus orígenes, el turismo era impulsado desde la autoridad y se componía de un viajero con su séquito y unos súbditos que se observan como personajes anónimos que están ahí para servir al rey turista. ¿Será esto cierto?

No se si es un mensaje intencional, una verdad relativa o una mera casualidad, pero se que en el análisis de la historia de los viajes se habla mucho sobre las percepciones y emociones de los viajeros, pero casi nunca se mencionan los sentimientos o impresiones de las comunidades receptoras, que en general se incluyen más bien como parte del paisaje. 

Tal vez es por el hecho de que son los viajeros quienes realizan la acción de viajar, lo que ha generado la percepción de que quienes reciben, son sujetos pasivos, parte del paisaje que los otros exploran.

¿Creen  que visibilizar a los anfitriones, sus deseos y perspectivas es una parte del reto de la inclusión y del equilibrio que propone la sustentabilidad?

Algunos autores citan también a la reina egipcia Hatshepsut como patrocinadora del primer crucero de la historia, pues hay evidencias de que ella viajó por el Nilo tanto con propósitos diplomáticos, como para conocer las tierras de Punt al este de África.

Los operadores de cruceros se regocijan con la idea y cuentan la historia de las princesas egipcias con el mismo fervor con que posicionan el carisma de sus barcos por haber sido bautizados por Lady Di o elegidos por Elizabeth Taylor en su último viaje.

Paradigmas del turismo cultural
Río Nilo

El Nilo me recuerda que la legendaria Cleopatra, que fue educada de acuerdo con los cánones helénicos, como su madre y su abuela, también disfrutaba recorrer las tierras del Nilo y sus alrededores con algunos romanos famosos viajaron con ella por su río.

Se dice que Cleopatra fue la primera y una de las últimas de su dinastía que aprendió a hablar egipcio, un idioma que estaba ya en franca decadencia, para poder comprender mejor a las personas que compartían su tiempo y su territorio.

¿Quién ha de aprender la lengua de quién?

Si insistimos en que los anfitriones aprendan a hablar la lengua de los visitantes, ¿Deberíamos también buscar y facilitar que los viajeros aprendan la lengua de los lugares que visitan, al menos lo suficiente para comprender a quienes los reciben? ¿Cómo influiría esta estrategia en el posicionamiento del valor de la cultura local y el fortalecimiento de las lenguas autóctonas que se están perdiendo a pasos agigantados?

Cierto es que, desde tiempos muy antiguos, las obras monumentales de los egipcios han provocado viajes, tanto de lugares muy cercanos como desde los más apartados rincones.

La aspiración de encontrarse frente a frente con las expresiones de carácter simbólico, funerario y religioso de sus artistas se encuentra entre las más conocidas y reconocidas del mundo. A veces nos preguntamos ¿qué sabríamos de los egipcios si no hubieran construido aquellas pirámides que se miran desde la luna y que han llamado la atención a los investigadores del mundo antiguo durante tantos años?

Los mercadólogos podrían decir que la influencia de ser el primer destino en su categoría, le da una ventaja difícil de rebasar y que la monumentariedad de los edificios históricos suma valor a todo lo que hay a su alrededor. ¿Será porque simbolizan la grandeza de una civilización? ¿Los significados tienen tamaño o son sus expresiones las que los contemplan?

De hecho en el análisis de opinión realizado con viajeros experimentados que realizamos en el 2000 para evaluar los atributos de las culturas antiguas del mundo Egipto resultó el lugar  más recordado como destino antiguo y todo parece indicar que ahí va a mantenerse mientras la historia y el mito hablen por sí mismos, sostenidos por construcciones que parecen hacerlos tangibles.

Viajeros cronistas

Se lee por ahí también que hacia el siglo V a.C. el geógrafo e historiador Heródoto fue el primer viajero profesional, porque no era rey.

Heródoto retrató en sus crónicas viajes y vivencias que lo acercaron a Egipto, Hélade, Babilonia, Cólquida, Siria, Macedonia, Libia y Cirene y aunque no se conocen con precisión la dirección ni la extensión de sus viajes, el motivo de sus desplazamientos se vincula especialmente con su curiosidad y su interés por las costumbres, leyendas, tradiciones e historias de otros pueblos y otras culturas.

Curiosamente, esta actitud provoca que haya quien insista en que Herodoto no puede ser considerado como turista, pues su interés no era el ocio sino el estudio. ¿Será que este comentario nos descalifique como turistas a los viajeros que buscamos conocer las culturas y expresiones culturales de los sitios que visitamos? ¿No será que promover el ocio y la fiesta desenfrenada como principal motivo de viaje es un invento de los hombres grises para convencernos de dejar de  gozar el aprendizaje y dedicarnos mejor a la parranda para que dejemos de pensar?

¿Es posible restaurar el gozo de aprender y descubrirnos unos a otros durante los viajes?

Lo importante de la posición de Herodoto y su principal ventaja en términos de recordación, es que genera polémica. Su nombre es evocado por los líderes de opinión que hablan a favor y en contra de su ser turista. A mí me suena a que ya se hacía turismo cultural hace unos 2500 años. ¿En algún momento de la historia ha dejado de ser importante el descubrimiento en los viajes?

Me llama la atención también, que algunos de quienes reconocen en Herodoto como el primer turista cultural, relacionan sus viajes culturales principalmente con sus visitas al extranjero como si viajar más lejos, hiciera a los viajeros más viajeros. Sin embargo el mismo Herodoto menciona los museos y pinacotecas griegas como elementos de gran importancia tanto para quienes llegaban de otras tierras, como para los pobladores de ciudades de la antigua Grecia, de manera que se podría decir que el turismo doméstico motivado por la cultura ya era una costumbre desde entonces.

¿En qué lugar queda el primer viajero profesional cuando él mismo se enfrenta a otros viajeros que viajaban por curiosidad y aprendizaje desde antes que él? Tal vez solo sea un antiguo cronista de viajes como cualquiera que cuenta sus experiencias  de viaje o viaja para contar. Los mitos cobran fuerza cuando se retratan para ayudarnos a comprender su tiempo y el nuestro.

En busca de otros viajeros

El fenómeno de Alejandría es un ejemplo afortunado de como un destino bien enfocado, concebido en función de un objetivo claro y relevante, aunque no sea expresamente turístico, puede convocar a viajeros de distintos lugares. En Alejandría no sólo se daban cita egipcios, sino también griegos, fenicios, árabes, persas, judíos e indios que buscaban en sus archivos o se sentaban a dialogar en sus bancos de piedra, bajo sus pórticos, mirando el faro y el mar azul.

Sabemos que el famoso matemático Arquímedes, viajó desde Siracusa hasta Alejandría en Egipto en el siglo III a.C, donde se ubicaba la famosa biblioteca que también se menciona como uno de los destinos culturales más importantes de la antigüedad. 

Alejandría era el centro de encuentro de los sabios de la época, lo que me hace pensar que el tipo de los viajeros que visitan un destino, es también un motivador de quienes viajan, y que los visitantes también le imprimen a lo local una personalidad que atrae a otros. ¿Se imaginan a Alejandría sin sabios?

Los sabios buscan sabios, los artistas llaman a los artistas y los hippies buscan hippies, los jóvenes intelectuales atraen intelectuales y los revoltosos a los revoltosos.

¿Qué tipo de viajeros querríamos traer a un destino si funcionan como señuelos para otros que se les parecen?

Como dato curioso, la mayoría de los lingüistas coinciden en que el origen latino de la palabra cultura es colere coui, que significaba cuidado, cultivo del suelo y trabajo agrícola. Tal vez es por eso que actualmente la palabra cultura aún evoca trabajo, o acaso se relaciona con ambientes didácticos que no siempre resultan lúdicos, por lo que utilizarla para convocar a los turistas o visitantes, no necesariamente es una buena estrategia, pues el término incluso llega a tener una connotación de aburrimiento y aridez, que pronostica actividades cansadas que difícilmente se relaciona con esparcimiento, libertad y actividades agradables, lo que se convierte en una barrera importante.

¿Será que promover nuevos significados de lo que es cultura entre quienes no tienen vínculos amorosos y agradables con ella nos ayude a comprenderla? 

En general aún quienes manifiestan realizar actividades típicamente culturales durante sus viajes como visitar museos y edificios históricos, explorar las culturas vivas y presenciar espectáculos artísticos, no se autodefinen como turistas culturales ni definirían sus viajes como un viaje cultural. ¿Quiénes son entonces los viajeros culturales? ¿Todos aquellos que inciden y son influídos por las culturas de los pueblos que visitan y de otros viajeros con quienes conviven en sus viajes? ¿Los que realizan actividades tipificadas como culturales? ¿Los que buscan el arte en los destinos que visitan?

El concepto de arte o ars, estaba más relacionado a principios de nuestra Era con la habilidad para producir algo a partir de cánones establecidos, que con el resultado mismo de la producción. Se consideraban artes liberales, es decir dignas del hombre libre, a la gramática, la dialéctica, la retórica, la aritmética, la geometría, la astronomía, la música, la arquitectura y la medicina, en contraste con las artes manuales o vulgares, que podían ser producidas por los esclavos sin educación, pero que igual eran apreciadas por propios y ajenos. ¿Qué tal abrir una categoría denominada turismo de arte que nos convierta en artistas? ¿A quién convocaría?

El término arte se relaciona todavía con la pericia y habilidad creativas y aunque cualquier definición del arte simplificaría la materia, el arte se percibe como un lenguaje, un instrumento de conocimiento y comunicación o el placer de crear y recrear ideas, de manera que desarrollar una empresa turístico cultural podría entenderse como un arte que vale la pena explorar, pues sin creatividad, el turismo cultural pierde su sentido más profundo, pero sin pericia y habilidad deja de ser viable.

Viajeros multimotivos

Se dice que para el siglo V, cuando e imperio romano iba de salida, la Acrópolis de Atenas era uno de los destinos más visitados del mundo antiguo y desde ahí se visitaban a las islas y las playas en algunas temporadas y con frecuencia se organizaban festivales de teatro. 

Visitar Atenas parece haber sido una aspiración más o menos generalizada desde entonces y no son pocas las referencias de viajeros que buscaban complementar sus viajes de comercio con descanso, playa y cultura. ¿Debía ser definida Atenas como un destino de negocios, de descanso o como un sitio cultural? ¿Y las otras playas del mundo, hemos de circunscribirlas a la idea de que son sol y agua, o ponerles un toque humano de serenidad?

Y hablando de Grecia, leí que a partir de los desplazamientos masivos que de visitantes que asistían a las Olimpiadas, se desarrolló un incipiente servicio de hospedaje y se instalaban baños públicos temporales en las ciudades de paso. 

Ahora nos cuesta más trabajo pensar en infraestructura temporal y dejamos edificios sembrados por el mundo que sólo sirven para ocasiones especiales. ¿Cuál es el costo y el beneficio de la temporalidad? ¿Cómo se diferencia lo temporal de lo permanente, lo eventual de lo cotidiano? ¿Cuándo es necesario pagar el costo de lo temporal, aunque parezca poco capitalizable, para no pagar el mayor costo de lo permanente?

¿Es más caro o más rentable lo temporal que lo permanente?

Los romanos nobles también viajaban constantemente para conocer los templos del Mediterráneo, las pirámides de Egipto, las ciudades griegas y los mercados de Asia Menor. 

Para facilitar y hacer más agradables los viajes, construyeron posadas y comedores en los caminos, además de baños públicos y sitios de descanso entre los que destacan las famosas termas de Caracalla donde parece que existen referencias de la contratación de guías locales, que mostraban a los visitantes los sitios culturales y de entretenimiento de los destinos e incluso se dice que plasmaban información turística en papiros.

En realidad, lo que les quería contar sobre los balnearios de principios de nuestra Era, es que desde entonces se realizaban en ellos actividades como la lectura de poesía, conciertos de música, ejercicios de teatrales y otros eventos culturales, que parecen mostrar que, en la antigüedad, el deporte, la salud y la cultura no daban como resultado tres segmentos del mercado separados, sino momentos distintos durante el mismo viaje.

¿Cuándo decides a dónde ir y qué hacer tienes un solo motivo?

En muchas encuestas se pregunta a los viajeros cuál fue su principal motivador para decidir un viaje. Está bien, siempre y cuando no olvidamos que los viajeros, que son personas, al fin y al cabo, tomamos decisiones en función de múltiples motivos e intereses que inciden y se mezclan al tomar una decisión cualquiera y también la de viaje.

Aprovechando el tema y los viajes en el tiempo  y el espacio que ahora van y vienen, para platicar de uno de los personajes favoritos que se citan como referencia en el turismo cultural: Ibn Battuta y Marco Polo.

Las referencias de los comerciantes árabes y persas, que viajaban regularmente hacia las costas de Java, Sumatra y China, son especialmente carismáticas cuando se cuentan sobre sus barcos de velas triangulares. Algunos viajeros musulmanes generaron información práctica que fue utilizada para organizar nuevos viajes, y entre ellas destaca la de Ahmad ibn Mayid, que concibió una guía náutica del mar Rojo y el Océano Índico.

Otros viajeros se inspiraron en sus viajes para contar cuentos populares como Simbad el Marino, Informe sobre China, las Maravillas de la India o el Libro de los Caminos y los Países, escrito por Ibn Jurdadhih que a mediados del siglo IX, entre la realidad y la fantasía, da cuenta de los asombros de los hombres que llegan a tierras que les son extrañas.

Desde el siglo XII, los libros de viajes árabes-musulmanes que se conocieron como rihla, refirieron diversas peregrinaciones a la Meca, viajes de estudio y comercio o simplemente de aventuras. Estos impulsaron a otros viajeros hacia Persia, India, China, el Cáucaso y Rusia.

Tal vez el viajero musulmán más emblemático de la época, fue Ibn Battuta, “el viajero de Tangier”, quien salió de casa hacia la Meca a los veintiún años como parte de una caravana mixta que me recuerda a un vuelo comercial de hoy, porque se dice que congregaba comerciantes, soldados, fieles, estudioso y algún escritor más o menos famoso. La curiosidad de Battua le llevó a descubrir otros mundos cuyas costumbres describió entre versos y rimas, que compartió con muchos potenciales viajeros.

El comerciante veneciano Marco Polo, que viajó con su padre y su tío, quienes iban de negocios por la ruta de la seda en el siglo XIII de nuestra era, es un gran  ejemplo de que los mercaderes de aquel entonces también aprovechaban sus viajes para visitar lugares emblemáticos de Egipto, Grecia y la India y parece que

Las experiencias de Marco Polo con su padre y su tío, me recuerdan las posibilidades que hoy tienen los viajeros de negocios para vincularse con las manifestaciones culturales de los lugares, aunque su motivo de viaje no sea inicialmente conocer otros mundos; de cómo la curiosidad cultural aumenta en la medida en que se exploran nuevos lugares y del impacto de un relato fantástico entre los públicos para generar el deseo de viajar. ¿Qué tanto de la experiencia de un viaje es objetiva y cuánto es subjetiva? ¿Cuánto pesa la realidad y cuánto la fantasía al contar una aventura viajera?

Los viajes y los viajeros que se enfrentan con otras culturas viven entre la realidad y la fantasía, interpretan, comprenden y comparan su propia realidad con los mundos imaginarios que convocan las diferencias.

Muchos de los viajeros que hoy se denominan experimentados, cuyos perfiles se asocian con la preferencia del turismo cultural, comenzaron sus exploraciones por negocios y hablan de sus viajes casi como habría hablado Marco Polo.

Marco Polo también es citado con frecuencia como el primer turista cultural del mundo, pues su narrativa retrata su curiosidad y recopila todo lo que le parece extraño y maravilloso de los sitios que visitó. ¿De qué otra forma hubiera comenzado a viajar Marco Polo? ¿Será que promover la participación de acompañantes a los viajes de negocios pueda resultar en una estrategia comercial adecuada para generar turistas culturales? ¿Cuál es entonces el sentido de un viaje cultural? ¿Qué ofrece la experiencia de un viaje? ¿Cómo se generan las condiciones para sentir y soñar, preguntarse y contar, recrear y recomendar?

Muchos viajeros que llegan a un lugar por motivos de negocios hablan de sus viajes casi como habría hablado Marco Polo. ¿Los deberíamos contar y tratar como viajeros culturales? ¿O solo los ponemos en la casilla de comerciantes?

¿Será que todos los turistas de negocios como los de salud tienen oculta una cachucha que los convierte en viajeros culturales cuando hay cosas interesantes que recordar o solo a algunos?

 

Historias con significado

Una de las historias más famosas del turismo cultural, comienza con el Obispo Teodomiro de la diócesis de Iria Flavia, que vivió entre los siglos ocho y nueve fue avisado por el ermitaño Pelayo, del descubrimiento de una estrella que estuvo posada en un bosque de la provincia de La Coruña.

Cuando el obispo fue al sitio, descubrió el lugar donde reposaban los restos del Apóstol Santiago, quien habría predicado en la zona casi mil años antes. Es muy interesante la precisión y el impacto de ese descubrimiento sin la posibilidad de hacer pruebas de carbono 14 o ADN. ¿No creen?

La  cosa es que de acuerdo con la leyenda, el Obispo invitó al Rey Alfonso II para visitar Compostela y avalar su descubrimiento y así se intensificó el proceso de difusión y discusión de la vida del Apóstol Santiago, de sus viajes, de sus relaciones y de sus milagros.

Después, en el siglo XII, se generó el Códex Calistinus, cuya autoría se atribuía a Picaud, aunque hoy el asunto es controvertido y es posible que haya sido una recopilación de varios autores, que plantearon esa guía para viajeros con la intención de crear un documento iluminado.

Lo interesante es que el codex se reúnen sermones, himnos, milagros, relatos, textos litúrgicos y piezas musicales relacionados con el Apóstol Santiago, así como consejos sobre dónde hospedarse o alimentarse u otras descripciones de la ruta, de las obras de arte y las costumbres locales de las gentes que vivían a lo largo del Camino.

Así, la devoción por una reliquia platicada de mil maneras adquirió dimensiones colosales, ampliando su popularidad a partir de una historia con significado y camino de Santiago se menciona muchas veces como un modelo a seguir.

Algunos sostienen que el apóstol hizo famosa a la ruta, otros que la ruta hizo famoso al apóstol. ¿Qué tan sinérgica es la relación entre turismo y cultura? ¿De qué tamaño tiene que ser un personaje o un edificio para tener poder de convocatoria en el sentir de los viajeros? ¿Cuánto puede crecer un evento o un personaje utilizando los viajes como forma de proyectar su imagen? ¿Es tan inofensiva la promoción de la práctica turística como parece?

¿Cómo se crea un destino con significado que rete las condiciones del entorno?

Es un hecho que durante la Edad Media, los viajes disminuyeron en Europa por diversas razones, tanto económicas y políticas, como logísticas. Los caminos se deterioraron, la inseguridad aumentó y consecuentemente dejaron de operar algunas de las primeras posadas. Sin embargo eventualmente surgieron nuevas rutas y nuevos motivos para viajar.

¿Será que una historia con significado sea capaz de dar vida a un destino aún en condiciones que muchos analistas considerarían de dudosa viabilidad? En la Edad Media los caminos no eran precisamente muy seguros, pero muchos o al menos algunos, se aventuraban para recorrerla.

¿Qué importancia puede tener diseñar material que interprete y cuente las leyendas de un lugar y los personajes que lo habitan y han habitado?

Se cuenta que las incursiones a Tierra Santa durante las cruzadas, dieron pie al resurgimiento de posadas y fondas de paso, así como al fortalecimiento de la seguridad en los caminos, especialmente los que llevaban a Venecia, que fuera uno de los principales puertos de salida hacia Jerusalén. 

Estos establecimientos de hospedaje también fueron utilizados, eventualmente, por viajeros con motivos más pacíficos, como la visita a ferias y fiestas de otras localidades vecinas y sus propietarios conformaron la primera asociación de empresarios hoteleros de la que se tiene referencia, que se denominó el Gremio de Posaderos de Florencia. 

Tal vez no es posible rescatar a todos los anfitriones del anonimato, pero es posible irlos trayendo a la memoria para poder darles forma en el presente. 

Los turisteros ilustres de Florencia podrían ser nombrados como anfitriones insignes de la antigüedad, cuya primera hazaña fue ir juntos y organizados a la guerra empresarial. No importará si fueron los primeros e incluso valdrá la pena generar polémica al respecto. Sobre todo  habrá que preguntarnos si su capacidad asociativa tuvo una influencia relevante en su éxito y cómo influyó para  que los viajeros que llegaran y estuvieran cómodos y seguros en su localidad. 

¿Quién aprendió de ellos? ¿Quién escribió sobre los visitantes desde el terreno de los anfitriones? ¿Quién fue el primer anfitrión que puso reglas en su casa y además logró que los visitantes la pasaran bien y quisieran regresar una y otra vez? ¿Quiénes fueron los anfitriones que decidieron invitar a sus localidades a un tipo de viajeros que supieran compartir sus saberes para dejar en el sitio algo más que monedas? ¿Fue este uno de los motivos de los míticos constructores de Alejandría? ¿Qué recibieron? ¿Qué protegieron? ¿Qué ganaron y qué perdieron?

Con más preguntas que respuestas, me quedo con la duda de si la antigüedad del turismo cultural vive en las historias que contamos más que en las que dejamos fuera y los tiempos se traslapan.

Coleccionistas, ilustrados y exploradores

Tratar de generalizar un periodo histórico en función de un movimiento dominante es un terreno peligroso, igual que pensar que todos los pueblos de una región se desarrollan de forma simultánea o llegar a la conclusión de que todos los visitantes o todos los anfitriones tienen los mismos gustos y recorren los mismo caminos, pero la tendencia es la tendencia y los humanistas estuvieron ahí para estudiar y difundir el conocimiento de los maestros de su antigüedad clásica, considerándolos el origen de la cultura universal y la pauta a seguir para preguntarse sobre el mundo y las cosas, desarrollando un pensamiento crítico, más allá de los dogmas teocráticos de la Edad Media, que en algún momento parecían orientar el porvenir hacia el juicio final.

Si hay una etapa de la historia que contamos del turismo cultural que se concentra en una región particular es el inicio del renacimiento. 

Se dice que durante el renacimiento, los destinos de Grecia y Roma se fueron convirtiendo en los favoritos para los viajeros de las regiones que iban agregándose a la tendencia humanista, que los estudiosos llegaban a las ciudades antiguas impulsados por el entusiasmo de encontrarse de cerca con la herencia cultural y artística de aquella civilización que admiraban, aunque viajar no era cosa de todos los días. 

La difusión de traducciones grecorromanas entre la estrecha comunidad lectora de la época fue ganando terreno con ayuda de la imprenta. Aunque el acceso a la educación siguió siendo elitista y sobre todo europeizante, los pensadores de la época pudieron trabajar en los libros de forma simultánea y colectiva, además de viajar y escribir.

El estudio de la cultura y la filosofía de los pueblos observados, fueron quedando plasmados en las obras de los nuevos grandes viajeros y marcaron en gran medida la imagen de los lugares que describían, inundando el imaginario de los pueblos que no necesariamente se comprendieron, pero se estudiaron y se juzgaron desde esa universalidad heredada, heredando a su vez percepciones y estereotipos que aún nos marcan.

Por otra parte, coleccionistas del renacimiento pusieron a la vista sus repertorios, impulsados en parte por el prestigio que esto les proporcionaba y en parte, quizá, por convicción humanista y democratizadora. Así, la Galería Uffizi que fue construida para alojar las oficinas de las magistraturas florentinas, se utilizó primero para almacenar y luego para exponer las piezas de arte de la colección de la familia Médici, que figura en primer lugar entre los impulsores de los artistas del renacimiento. ¿Qué papel jugarían los Médici en el Gremio de Posaderos de Florencia cuando su galería se cita como impulsora del turismo internacional? Sabemos que en el siglo XVI recibía visitantes locales y foráneos y existían guías para facilitar la visita. La presencia de las guías impresas y los guías personas expresa desde hace mucho, los deseos de quienes buscan compartir un patrimonio, mostrarlo e interpretarlo.

Parece que en tanto las ideas renacentistas se esparcían por Europa, las ciudades del norte de Italia también se ponían de moda para los viajeros. En la distancia es difícil establecer si los viajes culturales del renacimiento se asociaban más con los paradigmas de la antigüedad o con la confrontación de lo que entonces se consideraría algo así como modernidad contemporánea, aunque el concepto de modernidad todavía estuviera en desarrollo. ¿Qué buscaban los viajeros de entonces en Italia, lo viejo, lo nuevo, o la combinación de ambos? ¿Qué buscan hoy los turistas interesados en las culturas antiguas, los antiguos monumentos, las nuevas formas de interpretarlos, las facilidades y comodidades del futuro o una combinación de todos estos elementos? ¿Por qué nos da miedo a veces modernizar lo antiguo o reinterpretar lo desconocido o pensar en lo diferente de lo mismo?

Hace apenas unos siglos, el proceso de urbanización en los nuevos Estados se apresuraba y la fragmentación de la sociedad agrícola medieval se transformaba en una sociedad que se congregaba alrededor de la creciente economía mercantil, haciéndose acompañar por el pensamiento renacentista. Los pueblos iban saliendo de las murallas y la vida cultural e intelectual, que había estado dominada por la iglesia y la monarquía, cambiaba de manos hacia una élite comerciante que patrocinaba a los artistas, conducía la educación, viajaba e iba creando instituciones políticas creadas por nuevas manos y la promocicón consciente o inconsciente de atractivos turísticos, se multiplicaba siglo tras siglo.

Cien años después de la apertura de la Galería Uffizi, abrió sus puertas el Ashmolean Museum de Oxford, autonombrado el primer museo organizado como una institución pública, proyectado y concebido específicamente para dar acceso al público local, así como a los visitantes que llegaran de otros lugares. 

Ahí se expusieron una gran variedad de objetos hechos por el hombre y especímenes naturales, que serían accesibles a un público estudioso o curioso, tanto local como foráneo. Como el término museo no se había generalizado, el famoso diccionario The New World of Words, explicaba entre otras cosas los nuevos términos artísticos y científicos que se incorporaban al diccionario inglés, definió el sitio como: Estudio o Librería, también Colegio o Lugar Público como Recurso para Hombres Instruidos y el número de visitantes siguió aumentando, atraído por la novedosa forma de exponer las cosas.

Otro siglo después, el suntuoso palacio en que había vivido el rey Sol, se convertía en el Museo de la República de Francia para poner a la vista las colecciones nacionalizadas de los reyes de Francia. 

El Museo de Louvre se convirtió en un símbolo con significados que seguirán convocando a los viajeros motivados por la cultura durante los siglos por venir y sería reconocido como el primer Museo Nacional. ¿De qué sirve ser el primero? ¿Cómo influye en el prestigio de un sitio? ¿Qué se necesita para ser el primero si hemos visto tantos ejemplos de primeros precedidos por otros anteriores? ¿Cuál es el elemento central de atracción de Louvre, la historia del palacio, su magnífica arquitectura, la colección que presenta, la museografía que permite sentir las colecciones de los diferentes mundos o la combinación de estos y otros factores?

Los objetos recopilados durante los viajes de los nuevos viajeros fueron poblando nuevos museos, acomodándose de manera que se ponía siempre en evidencia que existían dos tipos de cultura, la cultura que no necesita llevar el apelativo europea, pues se concebía como la cultura universal, que se combinaba con las expresiones de otras culturas a las que se daba el apellido de indígenas, orientales, africanas, etcétera, y se ubicaba en sus contextos, generalmente parcializando sus impactos e implicaciones.

En todo caso, es natural que las exposiciones extranjeras convoquen desde entonces a visitantes locales y foráneos. 

Durante los tres siglos ilustrados, los museos, las palabras relacionadas con el turismo y los viajes se fueron consolidando como un medio fundamental para la instrucción, además de que el crecimiento demográfico y la expansión económica ayudaron a consolidar distintos elementos que facilitaron los desplazamientos fuera de casa. 

Por ejemplo, se dice que en esta época, el concepto hotelero propiamente dicho comenzó en los palacios urbanos de Francia, que hospedaban a las comitivas de reyes y nobles, y que pronto fue adoptado por quienes ofrecían alojamiento en hogares o posadas para los viajeros, aunque el Gremio de Florencia podría disputarse el inicio del concepto propiamente dicho, pero todos quieren ser los primeros y de primeros está hecha esta historia. ¿Qué nos da y qué nos quita exponer la herencia del mundo mundial en nuestros territorios?

No comprendo bien porqué nos ha dado por promover que en los museos locales solo se expongan piezas locales con el supuesto objetivo de conservar la identidad local, cuando me parece que todos somos herederos de la cultura universal. ¿O solo los europeos son universales y los pueblos latinoamericanos somos locales? ¿No podemos ser las dos cosas al mismo tiempo? Los pueblos fuertes no tienen miedo de perder su cultura al enfrentarse con otras culturas, no tienen miedo de incorporar elementos de otras culturas, pero sí que se ocupan de compartir la suya. 

¿Sólo las manifestaciones de la cultura local son dignas de apreciarse en un lugar?

¿Los locales solo tienen derecho de exponer su cultura?

Se dice que el renacimiento es un momento en que la curiosidad y la exploración de lugares diferentes llevaron a los europeos a reflexionar sobre las antigüedades y el pasado, la riqueza, la pobreza, las formas de gobierno, sus orígenes e implicaciones. 

Diversos autores certifican que fue el contacto con otros pueblos y organizaciones fuera de la región, lo que motivó de forma más contundente los nuevos cuestionamientos sobre la universalidad del hombre y que la ciencia era un motivo cada vez más activo en la preparación de las expediciones a tierras lejanas, que no dejaban de mezclarse con la imaginación que permitía soñar sobre modelos distintos que fortalecían la crítica a las costumbres de entonces. 

Si esto es cierto, la preponderancia que se da a los impactos económicos de los viajes parece menos significativa en el largo plazo. ¿O es mejor pensar en economía para no mover el tapete de las ideas?

¿De qué tamaño es la importancia de los viajes cuando motivan cuestionamientos sobre la universalidad del hombre o convocan a pensar e innovar los sistemas de organización que evidentemente requieren cambios? 

Durante la ilustración, ser culto ya no sólo significaba tener acceso a las artes libres, sino tener ciertos conocimientos y haber viajado. Ser culto tenía que ver con conocer lo más posible, o al menos tener una cultura general que incorporara algo sobre todos los temas, de manera que la enciclopedia francesa, por ejemplo, no sólo tiene el objetivo de reunir saberes en una sola obra, sino de difundir conocimientos, lo que la hace diferente de otras compilaciones. 

Haber viajado durante la ilustración no era únicamente una cuestión de experiencias efímeras o frivolidad aristocrática, sino un tema que marcaba y determinaba al viajero, producía el estatus de emprendedor, conocedor y de mente abierta. ¿Es válido y valioso vincular el desarrollo de la oferta turístico-cultural y su posicionamiento como un elemento de estatus? ¿Qué es el estatus? ¿Para qué nos sirve? ¿Es posible evitarlo? ¿Será posible pensar que la política turística de los países en desarrollo debe orientarse a dar oportunidad de viajar a quienes menos tienen para que conozcan otros mundos y abran su mente como una estrategia que mitigue la pobreza y la desigualdad, y aumente la calidad de vida de las personas, más de lo que ha logrado el sistema al patrocinar la construcción de cabañas o proyectos para atender viajeros ilustres de otros países mientras nuestras inversiones que buscan una propina siguen quebrando?

¿Los viajes ilustran a los ilustrados o los ilustrados se ilustran durante los viajes de turismo cultural?

Actualmente se dice que los viajes, cada vez más, son utilizados por los viajeros como accesorios de moda, que se vinculan con lo que cada persona busca expresar de sí misma y que en la medida en que un destino encuentra los elementos que permiten a los visitantes auto-expresarse, aumenta su competitividad. ¿Qué tan diferente es este momento de aquel? ¿Qué tipo de estatus se buscaba alcanzar con la visita a uno u otro destino? ¿Cómo marca esta condición de viajeros a los ciudadanos? ¿Hay algo en la política migratoria que pretende que los no viajados sigan sin viajar para controlar mejor sus mentes y sus vidas?

Turismo cultural
Paradigmas

Es interesante mencionar que España quedó prácticamente excluída del Gran Tour y siguió estándolo por años, debido en gran medida a que las enciclopedias y diccionarios geográficos ingleses se basaban en los relatos de los viajeros-escritores se dedicaron a perpetuar una imagen de España que, dice Consol Freixa «quizás, fue cierta en algún momento pero que, poco a poco, se había ido alejando de la realidad”.

¿Hasta cuándo las buenas noticias van a viajar más pronto que las malas?

Aún hoy, que las comunicaciones son tan ágiles en el ciberespacio, la información parece tener un eco viejo, y cambiar la percepción de un destino o de un pueblo, lleva su tiempo. Los relatos de viajes van entrando como la humedad y se quedan mientras la publicidad habla en susurros y las noticias amarillas vuelan escandalosas por el mundo creando y descarriando creencias.

La buena noticia es que lo aprendido en los viajes cambia nuestra concepción del mundo.

Hacia otros mundos del mundo

Evidentemente, la organización de los grandes viajes náuticos suponía una importante inversión financiera y una cuidadosa preparación que, generalmente, se acompañaba del apoyo gubernamental, casi como sucede ahora con el turismo espacial, de manera que este tipo de expediciones fue más limitado que los viajes por tierra en el continente viejo, pero también fueron más difundidos que aquellos.

Si los relatos de los viajes de europeos al Medio Oriente, India y China, que se acompañaban de la búsqueda de especias, sedas, joyas y otras maravillas, había convocado la imaginación europea durante siglos y el reconocimiento de los otros ya causaba gran curiosidad que convocaba a los lectores renacentistas, el descubrimiento y las crónicas de las nuevas tierras, también hicieron época. 

La llegada de los europeos a este lado del mundo, llamado el descubrimiento de América y las crónicas de las nuevas tierras, habitadas por salvajes, se han referido incluso como generadores de discusiones que aún nos marcan.

Este encuentro de  culturas, se cita como un detonador de discusiones respecto a la universalidad de la descendencia de Adán, la posible existencia de un paraíso en la tierra y la animación del concepto de exotismo: Lo exótico se convirtió en cualquier lugar de costumbres distintas a las europeas. Quinientos años después, Todorov lo relacionaría con el elogio desde el desconocimiento.

¿Cómo pueden los viajes ayudarnos a reconocer nuestras similitudes y favorecer el respeto a nuestras diferencias?

La literatura turística sobre América Latina reitera que, antes de la llegada de los españoles, el territorio estaba repartido entre más de un centenar de pueblos. Aunque el imperio azteca e Inca eran vastos, populosos y dinámicos, se enfrentaban a fuertes presiones demográficas, disputas internas y resistencia de los estados aledaños; en Mesoamérica los Tlaxcaltecas, Tarascos y Purépechas.

Entre 1521, el año en que concluyó oficialmente la conquista de Tenochtitlán y 1697 cuando se registró la rendición de Tayasal, referido como el último reducto de la resistencia maya, pasaron muchos años en los que por cierto, viajar por el territorio pudo haber sido menos duro que en siglos anteriores, pues las mulas, caballos y bueyes importados de Europa, sostenían a algunos afortunados y arrastraban las carretas por los caminos principales que comunicaban los Puertos de Veracruz y Acapulco con la Ciudad de México o por la altiplanicie rumbo al norte y noreste o al sur por los que iban a Oaxaca y Guatemala: muchas montañas, ríos, barrancas… pero hasta en esos caminos las mercancías y los productos se transportan a lomo de mula. 

Los galeones facilitaban el transporte de pasajeros desde el Puerto de Veracruz hacia Cuba, Tabasco, Yucatán o los lejanos puertos de Perú y Europa; o desde Acapulco hasta Filipinas y China. ¿Cómo podrían compararse aquellos cruceros de las princesas egipcias por el Nilo frente a estos?

Algunos barcos ya contaban con áreas especiales para pasajeros independientes, entre los que abundaban los comerciantes y enviados, pero hospedaba también a quienes viajaban por curiosidad, por conocer, por salud, por ilustración o tal vez por saberse viajados. Las diligencias entre un lugar y otro, hacían traslados regulares entre los destinos más frecuentes y tenían ya itinerarios pre-establecidos.

En Aquellos tiempos de Galeones, Carlos Romero Giordano nos cuenta sobre algunos ilustres pasajeros como Don Francisco Fernández de la Cueva y Enríquez, Duque de Alburquerque, XXII Virrey de la Nueva España, que en 1656 se embarcó con su familia, sus corceles, los perros que siempre los acompañaban, sus aves de montería, su personal de servicio y algunas pertenencias que fueron transportadas del puerto a la ciudad por una recua de 120 mulas. Otros menos afortunados cuyos camarotes no estaban cerca de cubierta y se caracterizaban por su incomodidad, sufrían las precarias condiciones higiénicas y el tremendo hacinamiento humano y animal.

La bibliografía existente respecto a los viajes de este tiempo es profusa aunque se refiere principalmente a viajes motivados por razones políticas, expansionistas o evangelizadoras, que poco a poco influyeron en el creciente interés general por los nuevos mundos.

Estos viajeros internacionales con motivos poco ociosos, junto con algunos curiosos y estudiosos, fueron explorando territorios, llevando a casa noticias y percepciones y regresando imágenes que se quedaron en los libros de historia de los países que estaban por venir. Les comparto algunos relatos para que reflexionemos juntos como nos marca lo que se ha dice como verdad en una época que ya no necesariamente es vigente:

Tomas Gage, el dominico inglés que recorrió el continente americano en el siglo XVII, refirió en su obra A New Survey of the West Indias, abundantes detalles de su viaje a través de México, Chiapas y Guatemala, con tintes autobiográficos y detalles visuales exhaustivos. Se dice que su imposibilidad de hablar el idioma, le daba una interesante perspectiva sensorial. Estando en Guatemala, explica, “en el primer año que yo viví allí, Dios envió una de las siete plagas de Egipto, que jamás se había visto: una plaga de langostas. Por todas partes donde se pegaban no se veía otra cosa más que señales de ruinas y desolación, porque no solamente comían los trigos sino también las hojas y frutas de los árboles, adonde acudían en tan gran número que con su peso rompían las ramas donde se paraban… se hizo salir al campo a todos los habitantes de los pueblos, con trompetas y otros instrumentos semejantes, a fin de espantarlos con el ruido… lo que afortunadamente surtió buen efecto, porque era una cosa asombrosa el ver cómo se marchaban al oír el ruido.” 

El Capitán James Cook, en cambio, escribió que los aborígenes de Australia parecían más felices que los europeos, que el clima cálido y benigno les permitía usar poca ropa y no parecían darle gran valor a las cosas o artículos que les ofrecían, pues ellos mismos eran capaces de proveerse con lo necesario y no necesitaban superficialidades. Hoy las guías de viaje a Australia, citan estas referencias para describir el ambiente ingenuo y natural con que se presentan los australianos.

Mungo Park reconoció en su recorrido por África que las numerosas canoas en el río Níger, la concurrencia y el estado de cultivo de los alrededores formaban juntos un prospecto de civilización y magnificencia que difícilmente se hubiera esperado en el corazón de África, y Park se convirtió en un referente, tanto para los viajeros como para los estudiosos de aquellas tierras.

¿Qué tan distinto es este relato del encuentro con un mundo mágico y místico que sigue atrayendo a los viajeros que parecen convocarse por una especie de fascinación por lo desconocido y lo incomprensible a las tierras que habitamos?

De regreso de su viaje por América, William Bullock montó en el Hall Egipcio del Museo de Londres una colección de piezas arqueológicas del nuevo mundo. Presentó copias en yeso de la Piedra del Sol y algunos códices, pero además reprodujo una choza indígena rodeada de instrumentos de piedra, cerámica y cestería que retrataban la vida cotidiana de los indios e incluso llevó con él a un nativo que paseaba por el recinto vestido con calzón de manta y sombrero.

¿Restos de una civilización portentosa compartida por un campesino? ¿Qué significó para los observadores esta exposición? ¿Qué tan diferentes de aquellos nos exponemos ahora? ¿Qué tan diferentes nos perciben?

Así, sin que el concepto explícito de la otredad fuera una cuestión perceptible aún, los viajeros y escritores que recorrían los otros mundos iban mostrando al mundo conocido lo que fue sosteniendo la construcción de tendencias que todavía recuperan ese concepto de descubrimiento de algo que, aunque ya existía, no se conocía, y aunque ya se conoce, se desconoce.

Desafortunadamente, el elogio desde el desconocimiento no fue la única cara del desconocimiento y entre los escritores que exploraban las nuevas tierras, Jorge Luis Buffon, que comparó la naturaleza europea y americana llegó a la conclusión de que el Nuevo Mundo era un continente inmaduro y joven, húmedo y malsano, cuyos hombres permanecían niños durante toda su vida y escribió la siguiente tesis: «El salvaje es débil y pequeño en cuanto a sus órganos de generación. No tiene ni vello ni barba y carece de ardor para la hembra. La naturaleza americana es hostil al desarrollo de los animales”. Pero como diría Miguel Montaigne “creo que nada hay de bárbaro ni de salvaje en esas naciones, según lo que se me ha referido; lo que ocurre es que cada cual llama barbarie a lo que es ajeno a sus costumbres”.

Existe toda una corriente psicológica que sostiene que la selectividad y la ultra simplificación en la representación de los otros es necesaria e inevitable, ya que el procesamiento mental de los estímulos que se reciben genera que las representaciones de los otros sean más o menos parciales, distorsionadas, selectivas y generalizadas por un nosotros colectivo. De manera que no nos debe sorprender demasiado que persistan algunos de los estereotipos generados en estos primeros viajes, a veces, a pesar la nueva información que se reciba.

Esta es una frase que no dejaré de repetir a los mercaologos del turismo, cuyos discursos no solo son vistos por los de allá, sino por los de acá:

“Los espejos deberían pensárselo dos veces antes de devolver una imagen”.Jean Cocteau

¿Cómo influye nuestra percepción de nosotros mismos cuando tanto los que diseñan los anuncios presentan ciertos genotipos como los viajeros a quienes hemos de atender y otros genotipos como los servidores? ¿Tendrá eso una influencia en nuestra autoimagen? ¿No dijimos que pareto indica que más del ochenta por ciento de los viajeros somos locales? Los viajeros y anfitriones de un país o región nos parecemos genotípicamente hablando. 

Cuando Pablo Cristoffanini se preguntara ¿cómo explicar el hecho de que la mayoría de las representaciones de los otros diferentes a nosotros sean exageradamente negativas o positivas, se responde a sí mismo : es necesario ver las actitudes, creencias, prejuicios, y estereotipos en el contexto más amplio de las estrategias de construcción simbólica que en determinados contextos van ligadas a ideologías, pues las construcciones simbólicas nos permiten aprehender, evaluar o comunicar una realidad….

La historia de la historia es cuestión de historias, leyendas, legitimaciones de lo que observamos desde lo que queremos y podemos reportar, desde lo que podemos y queremos exhibir.

Mientras tanto, las anécdotas de los grandes viajeros se van haciendo la aspiración común y al concentrarnos en lo monumental, lo titánico, lo formidable, es decir, lo excepcional, se nos olvida que las excepciones confirman la regla pero no son la regla.

Recibir personajes famosos y de larga distancia otorga a los destinos cierto prestigio, que en ocasiones nos hace olvidar que son los viajes diarios, los contactos cotidianos, los que mantienen la rueda girando.

Dice Beatriz Colombi en El Viaje y su Relato, que viajar y narrar aparecen como dos acciones estrechamente relacionadas entre sí. Esto es especialmente cierto para los turistas culturales.

Cada vez que se documenta un viaje, da la impresión de que se van incorporando tanto en los viajeros como en los anfitriones, elementos que, en menor o mayor grado, influyen tanto a los unos como a los otros.

Les recomiendo explorar también Escribanos-Viajeros, donde Cédric Fabre cita al padre dominico Jean Babtiste Labat, quien señala que de pronto, los viajeros-escritores se comportan como crustáceos parlantes cuya mente desprovista de caparazón identificante se sienten espontáneamente como Pedro por su casa en la cultura de los demás.

Con este comentario, podemos concluir que no todos los viajeros-escritores de entonces, antecesores de algunos de hoy en día, eran correctos o considerados y nuevamente nos topamos con que la cultura de los viajeros es determinante en la configuración del viaje y la forma como se cuenta el viaje.

Quedan entonces algunas preguntas más, ¿podemos elegir a los viajeros que nos interesa recibir?, ¿podemos segmentar el mercado al que nos dirigimos no sólo en función de sus ingresos como de sus impactos y sus cuentos?, ¿podemos influir en ellos para generar mejor comunicación, mejores retratos y mejor retroalimentación?, ¿podemos lograr a través de la promoción del turismo cultural que la ultra simplificación favorezca la creación de un estereotipo más benigno de nuestra cultura o estamos reforzando ideas erróneas de lo que somos y buscamos con nuestras propias propuestas?

Industrialización en serie

Todas las civilizaciones son continuidades, pero existen hechos coyunturales que permiten comprender el desarrollo y los cambios que determinan el devenir cultural de los pueblos

Entre la Revolución Francesa, el inicio de la independencia de las colonias y la invención de la máquina de vapor, el siglo XVIII termina comenzando con una serie de transformaciones tecnológicas, económicas y sociales que algunos autores consideran los hitos que marcan el inicio de la historia contemporánea y por consiguiente, el inicio del turismo moderno. 

Pero más allá del nombramiento, estos hechos simbolizan los procesos que llevaron a la conformación de las nuevas naciones, a la consolidación de nuevas ideologías y el inminente remplazo de la producción manual por la industrial y la manufactura que serían las bases de un estilo de sociedad y gobierno que aún hoy nos define y que de una manera u otra, atañen tanto a la cultura como al turismo y por tanto al turismo cultural.

Con el proceso de reconformación y nacimiento de las naciones, se hace necesario fortalecer las identidades culturales de las patrias, buscando elementos comunes que representen lo propio. Entonces comienza una reflexión distinta del pasado, en que se reconocen los valores históricos, artísticos y culturales nacionales y se les otorga un significado particular que los diferencia de los otros, desde una perspectiva propia.

Si los exploradores de la antigüedad y el renacimiento se asombraban respecto a las diferencias que iban descubriendo en otros mundos, los industriales comenzaron a buscar elementos que les permitieran capitalizar los descubrimientos y las diferencias para incrementar la producción y el mercado. 

Será difícil negar que el deseo de conocer y valorar las diferentes formas en que se manifiesta la cultura en otros pueblos ha estado presente en la historia de las civilizaciones y, por tanto, en la historia de los viajes, permitiendo incorporar nuevos elementos a las comunidades receptoras, así como llevar nuevos elementos a los lugares de origen de los viajeros, pero hoy esa disposición a influenciar y ser influenciados se facilita, se promueve y se estimula por diversos motivos, desde la mayor facilidad para trasladar bienes y personas, hasta las nuevas prácticas de comunicación y consumo, apoyadas por campañas de mercadotecnia que despiertan la imaginación y han logrado que algunos destinos y modalidades de viaje se conviertan en una aspiración generalizada para los viajeros potenciales.

Con la llegada de los barcos a vapor y los ferrocarriles, así como el surgimiento de una clase media que compartió el deseo de viajar y tuvo acceso a vacaciones, se incrementó el tráfico de pasajeros que ya en la primera mitad del siglo XIX se había convertido en un movimiento constante que hizo florecer más generosamente las bases de la industria de los viajes.

El estilo de producción en línea llegó incluso a las escuelas públicas, que se desarrollaron con la misma estructura de las fabricas con sus horarios, sus estandarizaciones y sus silbatos y los viajes también comenzaron a producirse en serie.

Algunos autores insisten que en esta época se fue sucediendo un proceso de deshumanización, en la que el trabajo mecánico llevó a miles de personas a convertirse en partes de una máquina sin libertad alguna, otros hablan de una época de innovación que permitió transformar los sueños particulares en realidades masivas.

La costumbre del Grand Tour continuó en condiciones menos selectivas pero más controladas. Durante los siglos XIX y XX siguió siendo una costumbre el que los jóvenes post universitarios, tanto europeos como de otros países, buscaran realizar cuando menos un viaje por los principales países de Europa para completar su educación y ampliar su mundo, y surgieron también los grupos de señoritas acompañadas por maestras o chaperonas, aunque evidentemente estos viajes tuvieron sus altas y bajas, especialmente en las épocas de guerra que también caracterizaron este periodo. 

Actualmente, el Grand Tour sigue estando dentro de las opciones de viaje favoritas del turismo internacional orientado a la cultura, incluyendo cada vez más a los destinos españoles, que fueron logrando posicionarse en el paquete, sin terminar de perder su posición de exotismo. Las incursiones hacia y desde la India, Asia y América también se intensificaron, tanto por motivos comerciales como culturales y fueron surgiendo nuevas modalidades de hacer turismo.

La época produjo también a algunos íconos del turismo que han quedado plasmados en la historia de los viajes. En los análisis históricos del turismo, de los viajeros famosos pasamos a de los viajeros famosos a los empresarios más exitosos. 

Cesar Ritz

Hablemos primero de César Ritz que es reconocido por muchos y es llamado el padre de la hotelería moderna. Quien iniciara como camarero en una posada de Lucerna en Suiza, puso en marcha un plan de remodelación de servicios con énfasis en la anfitrionía, las relaciones públicas y los pequeños detalles que harían de la estadía una experiencia memorable.

Para hacer el cuento corto, en 1898 Ritz estaba dirigiendo doce hoteles en forma simultánea en Francia, Suiza, Gran Bretaña e Italia, y había iniciado la creación del concepto de cadenas hoteleras con estándares internacionales y ambiente local. 

Así que es posible que tener estándares de calidad internacional sin estandarizar el entorno.

Eventualmente el turismo comenzó a relacionarse con el negocio hotelero, y la importancia de los visitantes que prefieren llegar a segundas residencias o a casa de sus familiares y amigos pareció menos importante para quienes impulsan el turismo, tal vez porque la derrama y los beneficios de quienes NO se hospedan en hoteles queda en manos de muchos y no se contabiliza en las pocas manos que cuentan mucho para los que cuentan las divisas… 

Hoy esta de moda hospedarse en hoteles que conserven o recreen el ambiente local y el negocio de alojamiento está evolucionando ¿o regresando al origen?

¿Se puede estandarizar y diferenciar a la vez?

Turismo cultural
Ritz

 

George Pullman

Analicemos la historia de uno de los héroes del transporte turístico: George Mortimer Pullman creó los primeros trenes estadounidenses con salón comedor y servicio de alojamiento y la idea fue llevada a Europa una década después con valores que fueron añadiéndose al trayecto, como salones de juego, presentaciones de orquestas de cámara y servicio a cuartos dentro del tren.

Pullman no era turistero, comenzó su carrera como constructor de ataúdes y viajaba en tren. En 1857, le vendió su idea de remodelar los vagones de un tren y en 1867 lanzó Pullman Palace Car Company, con su Palace coche-palacio, orientado a las clases medias. 

La empresa presume ser una de las primeros empleadoras de afroamericanos no calificados en la industria ferrocarrilera en la época posterior a la guerra civil estadounidense y para 1872 ya se habían construido al menos 500 vagones de lujo con distintas amenidades y en 1980 fundó una villa para los trabajadores. 

Pullman es famoso también por el asunto de la huelga ferrocarrilera que comenzó en su villa de  Chicago en 1894. La huelga Pullman tiene muchas interpretaciones en las que vale la pena ahondar, sobre todo para quienes saben que una empresa de turismo no es solo cuestión de pasear turistas. ¿Sobre explotación? ¿Sobre expectativa? ¿Ir en contra del sistema? ¿Invertir para aumentar de las capacidades de los colaboradores implica aumento de salarios?

¿El transporte es también parte de la experiencia del viaje?

 

Buffalo Bill

Y, ¿qué opinan de William Frederick Cody ? Cuando muy pequeño quedó huérfano y pronto mostró su creatividad y espíritu aventurero.

Se enlistó en el ejército para luchar del lado de la Unión durante la guerra de secesión estadounidense y fue nombrado explorador de nuevos territorios y aprendió a cazar búfalos en las Grandes Llanuras para alimentar a su contingente y a los obreros que trabajaban para la construcción del Kansas Pacific Rallway.

Su destreza para cazar de búfalos y su capacidad para ganar concursos con esa habilidad que entonces estaba de moda, le dió el apodo de Buffalo Bill. Aprovechando su fama

En 1883 formó su propia compañía llamada Buffalo Bill Wild West, en la que se hacían exhibiciones a caballo, tiro con arco y ejercicios de puntería, en las que recreaba, para sus espectadores, escenas de la conquista del Oeste decoradas con búfalos, caballos, indios y vaqueros.

Llegó a emplear 1200 personas, entre las que destaca del legendario jefe sioux Toro Sentado. Les gustaba representar ataques de los indios a las caravanas y a soldados estadounidenses, además de la célebre batalla de Little Big Hornen la que las tribus indias vencieron al Séptimo Regimiento de Caballería.

Su espectáculo ha sido analizado por  distintos estudiosos. Algunos critican la falta de verdad histórica, otros las consecuencias antropológicas de sus actuaciones, algunos más le nombran como uno de los grandes innovadores de la animación turísitica.  

¿Crees que la memoria histórica se construye de lo que pasó o de lo que nos contamos?

Thomas Cook

No podríamos dejar de hablar de Thomas Cook, considerado como el primer agente de viajes del mundo y citado también como el iniciador del turismo moderno o el padre de los touroperadores, lanzó al mercado inglés en 1841, un paquete que incluía trayecto de ida y vuelta Leicester-Lougborough en tren, con merienda, baile y participación en un juego de cricket, todo por un chelín.

En 1856, Cook comenzó a organizar viajes todo incluido hacia el continente y para 1865 su agencia de viajes movía a los viajeros británicos de la emergente clase media a destinos culturales de Francia, Italia y Egipto, además de desarrollar planes turísticos hacia Suiza, que se convirtió en el destino turístico por excelencia para los alpinistas.

En 1866, sus tours incluían los Estados Unidos, en 1872 lanzó un paquete para dar la vuelta al mundo que duró 222 días; para 1867 había creado el cupón de hotel, lo que implicó la negociación de créditos abiertos con diversos establecimientos de hospedaje y en 1874 generó lo que se llamó en ese entonces la circular note, que es antecesora del traveler check y era aceptada por bancos, hoteles, restaurantes y casas comerciales en distintas partes del mundo.

El crecimiento de los turistas de origen norteamericano al mundo se incrementó de forma importante desde 1928, y algunos estudiosos sostienen que fue comenzó en Estados Unido la actividad mayorista, lo que facilitó a los viajeros de este país la compra de viajes prermados. Desde entonces, los operadores mayoristas subcontratan servicios turísticos en las localidades que visitan y los integran para ofrecerlos a los mercados en sus países de origen, con tarifas negociadas al mayoreo para viajeros individuales e incluso se convierten en gestores de permisos para cruzar algunas fronteras.

En 1931, el hijo de Cook, se asoció con Wagon-Lits, que para entonces era uno de sus principales competidores, y como resultado surgió la mayor empresa touroperadora del mundo que actualmente cuenta con 1,600 oficinas que funcionan en más de 100 países.

En septiembre de 2019, la denominada touroperadora más antigua del mundo y la segunda más grande, expidió una nota que decía: We are sorry to announce that Thomas Cook has ceased trading with immediate effect. This account will not be monitored. (Sentimos informarles que Thomas Cook ha cesado su comercio con efecto inmediato. Esta cuenta no será monitoreada.)

La quiebra de una empresa con 178 años de historia, que no pudo adaptarse a las nuevas realidades del mundo de los viajes, dejó varados a 600.000 turistas y 22,000 empleados además de clientes afectados diecisiete países, cancelando todas las reservaciones de transporte, hotel y actividades, con la consecuente pérdidas para millones de empleados, clientes empresariales y viajeros. La empresa tenía ingresos de millones de euros, pero perdía dinero. ¿Entonces ingresos no es lo mismo que utilidades? NO. 

Hace ya muchos años vemos crecer tendencias más independientes, tanto del lado de la oferta como de la demanda. No quiero ser alarmista, pero esta quiebra nos debiera hacer estar pensando en la pertinencia de cambiar el modelo de diseño e intermediación que ha regido las inversiones de las instituciones turísticas de muchos de los países latinoamericanos. Los viajeros independientes son más difíciles de medir y controlar, eso no significa que no vengan en camino. Hemos de repensar: ¿Qué ventajas tiene para unos y otros el armar paquetes todo incluido? ¿Cuándo es pertinente y cuándo no? ¿Cómo hemos de considerar una mezcla de mercados que nos permita ir cambiando como cambia el mundo? 

¿Cómo nos reinventamos?

Son muchos los emprendedores turísticos y culturales que podemos analizar de este periodo. Por el lado del negocio lo más importante de estos cuatro, fue el desarrollo de nuevos concepto de negocios que va más allá del alojamiento o el transporte y su influencia en el discurso. 

Para Agustín Santana, el turismo, tal y como lo entendemos hoy:

Tiene su origen en la curiosidad, el esnobismo, la enfermedad y la búsqueda de climas diferentes (no siempre más benignos), pero logra establecerse cuando algunas personas emprendedoras comienzan a cobrar por prestar un servicio que no sólo facilita el desplazamiento sino que, además, lo decora con actividades concretas.

La organización de los diversos elementos que conforman un viaje para comercializarse en forma masiva, fue uno de los factores principales que llevaron a definir al turismo como la industria sin chimeneas.

Aunque algunos autores se refieren a que la fabricación de mercancías en serie, incluyendo representaciones escénicas  y viajes todo incluido, pone en peligro la tradición y la creatividad de lo hecho a mano  y la personalización, la tendencia contraria aparece de inmediato, tanto en la industria cuya base de desarrollo es la innovación, como en todos los procesos económicos y productivos, que se inundan de esta cultura innovadora.

La transformación combinada con la tradición, invita a las personas a buscar nuevas fórmulas para tener una mejor calidad de vida, cualquier cosa que eso signifique.

En la era industrial, incluso el arte comienza un proceso de metamorfosis que si bien se vincula con las técnicas de producción, comienza a comprenderse como un proceso creativo y transformador, donde la obra, es decir, el resultado del proceso no esccrito, adquiere un valor tangible y definitorio.

Aunque hay antiguas referencias sobre el uso de salvoconductos para pasar de aquí para allá y de allá para acá y la definición de fronteras entre los territorios en los que alguno u otro grupo de humanos se fue adueñado, con la primera guerra mundial resurge y se fortalece el uso de cartas de identidad y pasaportes, haciendo claro el origen del forastero que cruzaba las fronteras y comienza a limitarse el paso de los viajeros a partir de acuerdos políticos entre naciones con ideologías o economías afines o discrepantes. 

De la misma manera que los habitantes de los países receptores se estereotipan, se exacerban los estereotipo de las nacionalidades de los viajeros. No todos son bienvenidos y no todos son tan bien cotizados en los países receptores. Si las guerras nos estereotipan como buenos o malos, ganadores o perdedores, amigos o enemigos, 

¿puede un viaje cambiar o reforzar lo que pensamos de los otros?

Eventualmente, el turismo comenzó a posicionarse como posibilidad de producir un ingreso interesante a los países y comunidades y se vinculó más estrechamente con el ámbito de los servicios y actividades. Más allá de dar importancia a conocer las formas de ser y hacer de los pueblos visitados, se comenzó a percibir y a medir como un fenómeno meramente económico.

En la medida en que se intensificó la competencia, las comunidades receptoras comenzaron a buscar modelar estilos de vida, tradiciones y costumbres para adaptarse a los gustos y necesidades de los viajeros de forma más o menos consciente, incorporando escenarios del pasado o inventando significados que pudieran hacer la experiencia turística más atractiva. 

Esto dio como resultado un esfuerzo creativo, pero ciertamente peligroso en cuanto a la generación de clichés culturales, que han ido incorporándose a la vida comunitaria, imprimiéndose en el imaginario colectivo y comprometiendo en ocasiones las identidades locales que, al cabo del tiempo, comienzan a percibirse a sí mismas como parte de aquello que muestran en el escenario, en publicaciones, películas y otros instrumentos de promoción, y que regresan en forma de retratos en los que ellos mismos se observan y se resignifican.

 

Imposible dejar de preguntar nuevamente si es posible establecer estrategias de desarrollo y comunicación vinculadas con el turismo para aprovechar la construcción de elementos simbólicos que cambien los estereotipos a favor de las comunidades receptoras. ¿Valdrá la pena intentarlo al saber que estos estereotipos suelen incidir en gran medida en la personalidad de quienes los portan?

Para muchos autores, las condiciones empresariales, promocionales y socioeconómicas de mediados del siglo XX, enfocados a una clientela que puede ahorrar y dispone de tiempo libre para viajar, aunado a transformación del transporte son lo que da origen al fenómeno turismo «propiamente dicho», dicen por ahí.  Dicen también que antes, solamente los viajeros de las élites podían viajar, especialmente a lugares de larga distancia y las clases trabajadoras generalmente sólo lograban excursiones de un día a lugares cercanos, desplazándose por su cuenta a pie o en bicicleta. 

Es un tema sensible, ya que aún ahora que es evidente la masificación del turismo e incluso se han acuñado términos como homo movilis u homo turisticus para definir la gran influencia del turismo en esta sociedad viajera, el turismo sigue siendo un privilegio para algunos. En la encuesta urbana de 2001 realizada por SECTUR en México, se determinó que sólo el 34% de las familias tenían capacidad para viajar y México no es el país con menor capacidad de viajar que se conoce.

El estudio de la Association for Tourism and Leisure Education (ATLAS) de 2002 expresa que los turistas culturales tienen un mejor nivel educativo y son más respetuosos frente a los anfitriones. Interesante.

La primera encuesta con la que me topé en 2007, realizada entre 15 mil hoteleros europeos sobre los mejores turistas, me pareció un interesantísimo cambio de postura. Investigar la opinión de quienes reciben en lugar de quienes viajan tendría que ser parte fundamental de para decidir el tipo de viajeros que queremos convocar. 

Los turistas japoneses fueron reconocidos por el 65% como los mejores turistas por ser más limpios y amables. Los norteamericanos se ubicaron en el segundo lugar con el 30% de las menciones, aunque se les considera ruidosos. Los suizos quedaron en el tercer lugar con el 18% de los votos por ser silenciosos y considerados. Los franceses estuvieron en último lugar pues se dice que no tratan de comprender el idioma local ni probar comidas típicas de los sitios que visitan. Por otro lado, los norteamericanos fueron considerados los peor ataviados y los alemanes los menos generosos. En varios casos, como en el de los ingleses, los hoteleros de un país votaron en contra de sus propios paisanos. 

No soy amiga de estereotipar y conozco franceses muy amables y norteamericanos que se visten muy elegantemente, lo que me parece genial es haber comenzado a estudiar la opinión de quienes reciben. ¿Será que el comportamiento de los viajeros es más relajado en su propio país, que los locales son más exigentes con sus paisanos o que quienes viajan más lejos son más considerados? 

El estudio de la Association for Tourism and Leisure Education (ATLAS) de 2002 expresa que los turistas culturales tienen un mejor nivel educativo y son más respetuosos frente a los anfitriones. ¿Qué dirán los hoteleros al respecto? ¿Quiénes analizan las cualidades de los turistas para decidir a quienes convocan? ¿Recibir cierto tipo de turistas es una decisión, una circunstancia o una consecuencia?¿Quiénes analizan las cualidades de los turistas para decidir a quienes convocan? ¿Recibir cierto tipo de turistas es una decisión, una circunstancia o una consecuencia?

Masificación irreversible

Tanto quienes se refieren al turismo como un movimiento natural del hombre, como quienes opinan que el fenómeno inicia más tarde, prácticamente todos coinciden en la relevancia del crecimiento del turismo a partir de la segunda guerra mundial, alcanzó proporciones masivas, inmerso en el contexto que definieron las relaciones internacionales y nacionales de esa época.

La transformación de la tecnología de guerra hacia las esferas civiles, especialmente en los ámbitos de comunicaciones y transportes, así como la evolución del sector distributivo de la industria turística que afectó su desempeño tanto en términos de integración como de incorporación de técnicas de mercadotecnia y nuevas fórmulas de comercialización, facilitó el flujo de personas. 

También desde mediados del siglo XX, comenzó a observarse e intentar explicarse el fenómeno de la industrialización de la cultura, relacionándose con el cambio radical que se estaba produciendo tanto en el lugar social, que comenzó a ocupar la cultura, como en términos de la aplicación de procedimientos industriales en la producción de bienes culturales, la expansión del mercado de masas y la aplicación de principios de organización industrial en términos de la producción cultural.

El concepto industria cultural parece haberse utilizado por primera vez en la escuela de Frankfurt al final de la segunda guerra mundial y hoy el turismo se considera por diversos autores como una industria cultural. Desde entonces, algunos autores opinan que la industrialización de la cultura y por tanto el turismo no es más que una justificación de su orientación hacia hegemonías de mercado y subrayan los riesgos de burocratización a partir de lo que consideran una industrialización institucionalizada e incluso se niegan rotundamente a que el concepto de industria sea aplicable a la cultura, aunque la mayoría de  estos autores, no consideran al turismo una industria cultural y ni siquiera hablan del turismo.

Carlos Rehermann, por ejemplo, se refiere a la industria cultural como un conjunto vacío, pues considera que: 

Más allá de la arbitrariedad congénita del significado del término cultura, casi siempre que se dice «industria cultural» sólo se intenta dar valor al conjunto de servicios y productos que se consumen durante el ocio.

Otros autores defienden la existencia de una industria cultural cada vez más próspera y creativa que se fortalece en las interacciones entre creadores, productores y consumidores de las manifestaciones culturales a partir de cadenas de valor que permiten llegar a las masas, o sea a todos, y expresar la cultura y las culturas de distintas formas e interactuar con otras manifestaciones culturales de forma más accesible. Ramón Zallo, sugiere que la industria cultural es:

 Un conjunto de ramas, segmentos y actividades auxiliares industriales productoras y distribuidoras de mercancías con contenidos simbólicos, concebidas por un trabajo creativo, organizadas por un capital que se valoriza y destina finalmente a los mercados de consumo con una función de reproducción ideológica y social.

En la medida en que evoluciona el concepto, diferentes autores prefieren no hablar de una industria cultural, sino de varias industrias culturales en que convergen empresas y procesos con características y definiciones específicas. Algunos estudios, incluso, ponen en evidencia de una serie de similitudes que vienen a determinar la posible concepción del turismo como una rama más de las industrias culturales, especialmente en la vertiente de turismo cultural, o como una práctica que incide de forma determinante en la articulación de las industrias culturales de los sitios que se visitan. Les recomiendo leer el artículo de Alexandro Dupuis sobre Economía Naranja. 

Regresando a la evolución del modelo turístico, me gustaría mencionar que el turismo de playa, que ya había sido practicado desde antes de los griegos, en la búsqueda de mejores climas así como por salud y recreación, se volcó al encuentro de la modernidad prototípica de la postguerra, orientada a lo que se denominó el American Way of Life. 

Una de las principales aspiraciones del momento para la mayoría de los turistas norteamericanos parecía ser broncearse para poner en evidencia su capacidad de tiempo libre, hospedarse en un hotel moderno tipo americano, en un ambiente aislado y aséptico, tal vez folclorizado, que lograra ocultar o al menos controlar la realidad del subdesarrollo, emulando los destinos ideales del cine y la televisión. 

Europa estaba en plena reconstrucción y por obvias razones, la mayor parte de los turistas de la postguerra, la constituyeron precisamente los ciudadanos de los Estados Unidos de América, aunque unos años después, la reactivación de la economía europea permitió que sus ciudadanos tuvieran también la oportunidad de viajar e incorporarse al boom de los sesenta.

Siguiendo la lógica de la industrialización se integraron los grandes consorcios turísticos internacionales, consolidando la propiedad del transporte, el hospedaje y la distribución de los servicios. 

Los propietarios de líneas aéreas, cadenas hoteleras y grandes touroperadores, se convirtieron en los principales interlocutores de la industria y a partir de entonces, fueron estos actores quienes encabezaron y encauzaron el turismo en función de sus intereses particulares.

Por otra parte, la integración de vacaciones al sistema laboral y la sociedad organizada en torno a él, se utilizó como una válvula de seguridad. Diversos estudiosos comparten la idea de que cuando los trabajadores están agotados y ya no rinden con efectividad, el sistema les proporciona vacaciones como tratamiento de las extenuaciones y vacíos que se acumulan en la cotidianidad y van de viaje buscando la existencia de una vida disfrutable, un ideal que existe al menos mientras dura el viaje.

En la medida en que la guerra fría se intensificaba, se atribuía más importancia al turismo como una fuerza impulsora de paz y concordia internacional por su capacidad de promover un diálogo intercultural entre los pueblos del mundo. Esta característica le confirió al turismo un halo de buena voluntad que fue significativamente aprovechada en el discurso político y en la justificación de la inversión en su desarrollo.

Los organismos financieros como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, instrumentaron líneas de crédito para financiar la construcción de infraestructura, especialmente aeropuertos, carreteras y hoteles modernos, que favorecieran el impulso del turismo, argumentando la actividad como instrumento de auxilio económico de las naciones en desarrollo, y las mediciones del sector comenzaron a orientarse únicamente a su capacidad productora de divisas.

Tanto España en el Sur de Europa como el Caribe en América tuvieron las mayores tasas de crecimiento de oferta playera modernista, estimulada tanto por la preferencia de los viajeros internacionales como por el modelo de desarrollo impulsado por las instituciones de fomento. ¿Es entonces el turismo playero una tendencia natural de los públicos extenuados o una práctica impulsada desde las instituciones de fomento? ¿Quién sigue a quién, la oferta a la demanda o la demanda a la oferta?

Por otra parte, tampoco se detuvo el crecimiento de la oferta en las ciudades, aunque sin tanto apoyo, proliferaron los museos, galerías, teatros, auditorios y otras infraestructuras culturales. Los viajeros interesados en la cultura aprovecharon y siguieron creciendo, pero como no eran parte del modelo dominante, se perdieron un poco de vista en la mayoría de los análisis que relatan la historia del turismo moderno, que se concentró en las playas por un rato.

Hacia 1950 ya se contabilizaban 25 millones de desplazamientos internacionales por motivo de turismo. En los últimos cincuenta años del siglo pasado, las llegadas internacionales se multiplicaron veintiséis veces, llegando a registrarse más de 670 millones para el año 2000. 

La Organización Mundial de Turismo (OMT) pronostica que este número se triplicará para el año 2020, en el que se moverán más de 1,560 millones de turistas internacionales. Pero a esta cifra habrá que sumarle el turismo doméstico, que se calcula que representa el 80% del total de los viajes que se realizan, de manera que aún siendo conservadores, estaríamos hablando de casi ocho mil millones de viajeros paseando por el mundo en el año 2020.

Para tener una idea de la relación de los turistas con el espacio global, sólo en términos de turismo internacional, se calculaba que Europa tendrá el mayor crecimiento alcanzando 717 millones y participando con el 46% del total de turistas internacionales; en segundo lugar, estará Asia Oriental con 81 millones y una participación del 24%, América tendrá 282 millones con una cuota del 18%; África triplicará el número de visitantes llegando a 77 millones participando con el 5% del total y finalmente el Oriente Medio llegará a 69 millones con una cuota del 4% y el sur de Asia tendrá 19 millones lo que significará el 1% del total global.  La mayoría de las proyecciones han sido superadas.

Actualmente el turismo es considerado como una de las mayores industrias contemporáneas, e incluso algunos autores sugieren que su crecimiento ha modificado la geografía económica mundial y ha transformado tanto los fundamentos de las políticas de fomento económico como los procesos de interacción cultural de un considerable número de países y regiones. 

De acuerdo con Jaffari, la irrupción de una actividad social con un crecimiento tan acelerado en tan poco tiempo, ha impactado profundamente la cultura contemporánea, hasta el punto que se ha hecho pertinente la pregunta respecto a si puede la cultura contemporánea funcionar sin el turismo. ¿Cómo hubiera evolucionado la cultura sin los viajes, sin la intervención de aquellos curiosos que reportaron de regreso sus percepciones de las tierras que exploraron y las manifestaciones culturales que conocieron? ¿Sin la intervención de las instituciones bancarias de fomento?

Los factores sociales y culturales que intervienen en el turismo, se han definido como interacciones socioculturales, pues comienza a ser cada vez más difícil distinguir la frontera entre los impactos sociales y culturales del turismo, de la industria, de las cosas. 

Se habla incluso de una cultura turística, que en ocasiones trata de describir un estilo de vida que opera con una lógica propia, que no es la de los viajeros cuando están en su lugar de residencia, ni la de las comunidades receptoras cuando conviven entre sí, sino como una especie de limbo transitorio o momentáneo que sólo existe mientras sucede la relación de un viajero con un local. 

¿Cuáles son entonces los límites del turismo cultural? ¿Existe un turismo no cultural? El término cultura turística se ha venido utilizando para “educar” a las comunidades receptoras, asegurando que es necesario que atiendan como se debe a los turistas que los visitan. ¿Es esto cultura turística? ¿Cómo se establece una cultura respetuosa e interactiva, poniendo el tenedor del lado correcto muy a la europea o hay algo más?

¿Sólo el turismo industrializado y masivo se pueden considerar propiamente como turismo?

¿Y los viajeros independientes que toman su auto, llegan a casa de un familiar e invitan a toda la familia a comer en un mercado son menos turistas que quienes se suben a un tour todo incluido y no gastan en negocios locales? ¿Cómo se mide el bienestar de las familias que reciben visitantes? ¿Cuánto vale el regreso temporal de los hermanos lejanos y las familias reintegradas al menos por unos días?¿Estos viajes de familiares expatriados tendrán un efecto en  el envío de divisas a sus familias locales? 

¿Qué vamos a hacer con tantos viajeros?

¿Cómo aprovechamos los viajes para crear un mejor mundo?

¿Cómo mitigamos los impactos negativos que generan algunos tipos de turistas?

¿Cómo nos reeducarnos?  

¿Qué te dice entre líneas este discurso del turismo cultural?

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