Imagen Tulum Turismo Cultural

Rumbo al Concepto de Turismo Cultural

«Hay más problemólogos que solucionólogos».  Mafalda (Quino)

Extracto del libro «El Tiempo y el Espacio del Turismo Cultural» por Alejandra Zorrilla, CONACULTA 2010

No cabe duda de que nos encontramos ante una sociedad de intensos cambios y que el turismo relacionado con la cultura o turismo cultural está inmerso en una realidad en movimiento que se redefine a cada rato, buscando nuevos conceptos para explicar lo de siempre y nuevos enfoques para comprender y transformar lo que viene.

Las definiciones oficiales, académicas y comerciales emitidas respecto a las prácticas turístico-culturales, de alguna forma muestran la tendencia evolutiva de la concepción de la actividad y reflejan las fórmulas que han ido fomentándose desde las diferentes trincheras.

Carta de turismo cultural ICOMOS

Uno de los primeros esfuerzos institucionales por definir y acotar el concepto de turismo cultural, para diferenciarlo de otros tipos de turismo, se expresa en la Carta de Turismo Cultural adoptada por ICOMOS en 1976, y establece en su postura básica que “el turismo es un hecho social, humano, económico y cultural irreversible cuya influencia en el campo de los monumentos y sitios es particularmente importante y sólo puede aumentar, dados los conocidos factores de desarrollo de tal actividad”. Para muchos destinos, esta realidad irreversible ha sido motivo de un proceso de planeación y adaptación consciente que les ha llevado a generar acciones concretas para aprovechar los flujos de visitantes, mientras que para otros, que han tomado una actitud pasiva frente a su crecimiento, no deja de ser una sorpresa el enfrentarse con los efectos que produce.

Posteriormente, la carta suscribe que “el turismo cultural es aquella forma de turismo que tiene por objeto, entre otros fines, el conocimiento de monumentos y sitios histórico-artísticos. Ejerce un efecto realmente positivo sobre éstos en tanto contribuye – para satisfacer sus propios fines – a su mantenimiento y protección”. Esta primera definición formal de turismo cultural, demarca la actividad en función de la relación de los turistas con los monumentos y sitios histórico-artísticos, aunque deja abierta la posibilidad de que existan otros fines relacionados. Cuestiones como la identidad de los pueblos, el cuidado ambiental y la sustentabilidad no habían logrado un lugar decisivo en el discurso dominante, aunque ya se encontraban en distintos documentos y reflexiones, especialmente en el entorno académico. Sin embargo, esta tesis pone en evidencia que el patrimonio cultural es el eje central de esta forma de turismo y que ponerlo en riesgo estaría fuera de lugar bajo cualquier lógica, pues es el motivo de sus propios fines, así que se espera que el turismo ejerza un efecto realmente positivo en el patrimonio, al menos en términos de contribuir a su mantenimiento y protección.

Durante los ochenta, el interés por redescubrir y fortalecer la identidad cultural de las comunidades locales, que paradójicamente se perciben en peligro a partir de la intensificación de los efectos de la globalización, comienza a permear en todas las corrientes de análisis relacionadas con el turismo y en particular con el turismo cultural, pues por una parte, crece el interés de los mercados por productos más auténticos y diferentes, por el otro, el acercamiento de nuevas formas de ser y hacer a través de la masificación de los medios de comunicación y de mercado, además de la influencia de las corrientes turísticas, se hace cada vez más evidente. Este interés hace necesario buscar nuevos criterios para resignificar el concepto de patrimonio y consecuentemente, la definición de turismo cultural.

Conferencia Mundial Sobre las Políticas Culturales MUNDIACULT, UNESCO

En 1982, durante la Conferencia Mundial sobre las Políticas Culturales MONDIACULT, organizada por la UNESCO, se aprobó una nueva definición de cultura que se define como “el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias.” A partir de este concepto, se identifican formalmente la existencia de patrimonio tangible y patrimonio intangible, siendo el primero “la expresión de las culturas a través de grandes realizaciones materiales”, que se clasifica en Mueble e Inmueble y el segundo, comprendido como “aquella parte invisible que reside en el espíritu mismo de las culturas”.

Algunos autores no están de acuerdo con esta clasificación y se preguntan, desde entonces, si las ferias y fiestas patronales, los ritos y los rituales pueden considerarse como intangibles, es decir inodoros, incoloros, insípidos e invisibles, pues el colorido, el aroma, el sonido, los sabores y las sensaciones que los acompañan parecen tan tangibles como los muebles e inmuebles que les rodean, pero en el concepto del turismo cultural, la vieja práctica de viajar para presenciar formas distintas de ser y hacer de una comunidad distinta a la propia, comienza a tomar un lugar reconocido y de alguna forma clasificable.

Subcategorización de los recursos culturales

A partir de esta definición, distintos autores han propuesto subcategorías entre las que destacan la de Manuel Vásquez, que reconoce tres tipos de recursos culturales tangibles:

  1. Recursos culturales de carácter religioso: Catedrales, iglesias, conventos, sinagogas, templos, ermitas, monasterios y capillas.
  2. Recursos culturales de carácter monumental: Castillos, palacios, casas singulares, edificios emblemáticos, acueductos, plazas mayores, puentes, conjuntos histórico-artísticos, construcciones militares, recintos amurallados.
  3. Otros recursos materiales ligados con la historia: Arquitectura doméstica, calles con historia, molinos, termas romanas, baños árabes, rutas artísticas, pintura rupestre, instrumentos musicales.

Recursos culturales tangibles

Y la de Nobu Ito que plantea dos categorías para los bienes culturales intangibles:

  1. Las artes contemporáneas como la música, la danza, el drama, etc.
  2. Los bienes culturales populares, el patrimonio etnográfico y etnológico, las técnicas artesanales, las costumbres y maneras de preparar los alimentos, ocupaciones, fiestas, etc.

Castillo de neuschwanstein turismo cultural

Recursos culturales Intangibles

También está la clasificación de Fernando Vera y Manuel Dávila que enfocan su planteamiento a la posibilidad temporal de su aprovechamiento, separando lo ocasional de lo permanente:

  1. La oferta permanente está relacionada con los equipamientos culturales como museos y monumentos.
  2. La oferta temporal está relacionada con eventos, espectáculos, exposiciones y encuentros.

Foto incienso India

Estas clasificaciones determinan de forma importante el quehacer turístico, pues permite generar, controlar y promover ofertas que se acotan a un tiempo determinado.

Definición general de Turismo Cultural de la Organización Mundial de Turismo

En 1985, la Organización Mundial del Turismo (OMT), aportó una definición general para el turismo cultural, y explica esta práctica como «todos los movimientos de personas para satisfacer la humana necesidad de diversidad, orientados a elevar el nivel cultural del individuo, facilitando nuevos conocimientos, experiencias y encuentros» y otra más, orientada a la motivación de la demanda, que precisa «el movimiento de personas debido esencialmente a motivos culturales como viajes de estudio, viajes a festivales u otros eventos artísticos, visitas a sitios o monumentos, viajes para estudiar la naturaleza, el arte, el folklore, y las peregrinaciones».

La primera definición es tan amplia, que difícilmente diferenciaría el turismo cultural de cualquier otro desplazamiento turístico, pues es poco probable que alguien viaje sin adquirir un nuevo conocimiento, experiencia o encuentro. La segunda implica que el motivo fundamental de un viaje se vincula con actividades específicas, pero excluye a los turistas que deciden realizar actividades culturales una vez que se encuentren en el destino de su elección, o a quienes eligieron un destino específico debido al valor que dan al patrimonio cultural con que cuenta y planearon realizar actividades relacionadas con la cultura durante su viaje o permanecer más tiempo para disfrutar de la cultura de un lugar aunque su motivo principal fuera descansar, reunirse, recrearse, hacer negocios o cualquier otra cosa.

Autores como Mario Gaviria y Martín Rodríguez, prefieren obviar las causas y motivos para referirse a los temas prácticos del desarrollo turístico, como la disposición de elementos técnicos y económicos para la construcción rápida de infraestructura urbana y turística en los destinos; mano de obra abundante, sin pretensiones de especialización, pero dispuesta a servir y a ser educada; basando el desarrollo de ofertas en elementos de exotismo diferencial, que sin ser demasiado extraños para causar suspicacias, tengan una apariencia diferente que provoque curiosidad y un urbanismo de clase turista en el que los visitantes puedan desenvolverse sin agobios. Este tipo de concepciones, que están más enfocadas al desarrollo económico y al bienestar de los turistas, que a temas sensibles a las comunidades receptoras, proponen aprovechar las características culturales de los destinos para el desarrollo turístico sin mayores miramientos, y se enfocan al desarrollo de una oferta competitiva cuyo objetivo es satisfacer mejor a la demanda en un ambiente cada vez más competido.

Mientras tanto, con evidencias cada vez más tangibles de la crisis ambiental, en 1987 las Naciones Unidas, en su informe Nuestro Futuro Común concluyen que es necesario generar un nuevo modelo de desarrollo más equilibrado y establecer fórmulas para “satisfacer” las necesidades del presente, sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones”.

Eventualmente, esta definición abriría paso al concepto de turismo sustentable, que quedaría vinculado irrevocablemente con el turismo cultural y se define como “aquel turismo que satisface las necesidades actuales de los turistas y de las regiones receptoras y al mismo tiempo protege y fomenta las oportunidades para el futuro”.

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Publicado en Turismo cultural, Turismología.