Rumbo al concepto de turismo cultural

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¿Te has preguntado qué es el turismo cultural y cómo puede definirse? 

En esta ocasión te presento un extracto comentado y ampliado del libro «El Tiempo y el Espacio del Turismo Cultural«, considerado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CONACULTA) como un referente de esta modalidad de turismo.

«Hay más problemólogos que solucionólogos».  Mafalda (Quino)

No cabe duda de que nos encontramos ante una sociedad de intensos cambios y que el turismo relacionado con la cultura o turismo cultural está inmerso en una realidad en movimiento que se redefine a cada rato, buscando nuevos conceptos para explicar lo de siempre y nuevos enfoques para comprender y transformar lo que viene.

Las definiciones oficiales, académicas y comerciales emitidas respecto a las prácticas turístico-culturales, de alguna forma muestran la tendencia evolutiva de la concepción de la actividad y reflejan las fórmulas que han ido fomentándose desde las diferentes trincheras.

Primeros esfuerzos para la definición de turismo cultural

Carta de turismo cultural ICOMOS

Uno de los primeros esfuerzos institucionales por definir y acotar el concepto de turismo cultural, para diferenciarlo de otros tipos de turismo, se expresa en la Carta de Turismo Cultural adoptada por ICOMOS en 1976, y establece en su postura básica que:

el turismo es un hecho social, humano, económico y cultural irreversible cuya influencia en el campo de los monumentos y sitios es particularmente importante y sólo puede aumentar, dados los conocidos factores de desarrollo de tal actividad”.

Para muchos destinos, esta realidad irreversible ha sido motivo de un proceso de planeación y adaptación consciente que les ha llevado a generar acciones concretas para aprovechar los flujos de visitantes, mientras que para otros, que han tomado una actitud pasiva frente a su crecimiento, no deja de ser una sorpresa el enfrentarse con los efectos que produce.

Posteriormente, la carta suscribe que:

“el turismo cultural es aquella forma de turismo que tiene por objeto, entre otros fines, el conocimiento de monumentos y sitios histórico-artísticos. Ejerce un efecto realmente positivo sobre éstos en tanto contribuye – para satisfacer sus propios fines – a su mantenimiento y protección”.

Esta primera definición formal de turismo cultural, demarca la actividad en función de la relación de los turistas con los monumentos y sitios histórico-artísticos, aunque deja abierta la posibilidad de que existan otros fines relacionados.

Cuestiones como la identidad de los pueblos, el cuidado ambiental y la sustentabilidad no habían logrado un lugar decisivo en el discurso dominante, aunque ya se encontraban en distintos documentos y reflexiones, especialmente en el entorno académico.

Sin embargo, esta tesis pone en evidencia que el patrimonio cultural es el eje central de esta forma de turismo y que ponerlo en riesgo estaría fuera de lugar bajo cualquier lógica, pues es el motivo de sus propios fines, así que se espera que el turismo ejerza un efecto realmente positivo en el patrimonio, al menos en términos de contribuir a su mantenimiento y protección.

Durante los ochenta, el interés por redescubrir y fortalecer la identidad cultural de las comunidades locales, que paradójicamente se perciben en peligro a partir de la intensificación de los efectos de la globalización, comienza a permear en todas las corrientes de análisis relacionadas con el turismo y en particular con el turismo cultural, pues por una parte, crece el interés de los mercados por productos más auténticos y diferentes, por el otro, el acercamiento de nuevas formas de ser y hacer a través de la masificación de los medios de comunicación y de mercado, además de la influencia de las corrientes turísticas, se hace cada vez más evidente. Este interés hace necesario buscar nuevos criterios para resignificar el concepto de patrimonio y consecuentemente, la definición de turismo cultural.

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Conferencia Mundial Sobre las Políticas Culturales MUNDIACULT, UNESCO

En 1982, durante la Conferencia Mundial sobre las Políticas Culturales MONDIACULT, organizada por la UNESCO, se aprobó una nueva definición de cultura que se define como:

“el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias.”

Subcategorización de los recursos culturales

A partir de este concepto, se identifican formalmente la existencia de patrimonio tangible y patrimonio intangible.

Patrimonio tangible se ha definido como:

la expresión de las culturas a través de grandes realizaciones materiales”,

que se clasifica en Mueble e Inmueble Patrimonio intangible se considera:

 “aquella parte invisible que reside en el espíritu mismo de las culturas”.

Recursos culturales tangibles

A partir de esta definición, distintos autores han propuesto subcategorías entre las que destacan la de Manuel Vásquez, que reconoce tres tipos de recursos culturales tangibles:

  1. Recursos culturales de carácter religioso: Catedrales, iglesias, conventos, sinagogas, templos, ermitas, monasterios y capillas.
  2. Recursos culturales de carácter monumental: Castillos, palacios, casas singulares, edificios emblemáticos, acueductos, plazas mayores, puentes, conjuntos histórico-artísticos, construcciones militares, recintos amurallados.
  3. Otros recursos materiales ligados con la historia: Arquitectura doméstica, calles con historia, molinos, termas romanas, baños árabes, rutas artísticas, pintura rupestre, instrumentos musicales.

Recursos culturales intangibles

Y la de Nobu Ito que plantea dos categorías para los bienes culturales intangibles:

  1. Las artes contemporáneas como la música, la danza, el drama, etc.
  2. Los bienes culturales populares, el patrimonio etnográfico y etnológico, las técnicas artesanales, las costumbres y maneras de preparar los alimentos, ocupaciones, fiestas, etc.

Castillo de neuschwanstein turismo cultural

Recursos culturales ocasionales y permanentes

También está la clasificación de Fernando Vera y Manuel Dávila que enfocan su planteamiento a la posibilidad temporal de su aprovechamiento, separando lo ocasional de lo permanente:

  1. La oferta permanente está relacionada con los equipamientos culturales como museos y monumentos.
  2. La oferta temporal está relacionada con eventos, espectáculos, exposiciones y encuentros.

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Foto incienso India

Estas clasificaciones determinan de forma importante el quehacer turístico, pues permite generar, controlar y promover ofertas que se acotan a un tiempo determinado.

Algunos autores, como yo, no están totalmente de acuerdo con esta clasificación y nos preguntamos si las ferias y fiestas patronales, los ritos y los rituales pueden considerarse como intangibles, es decir inodoros, incoloros, insípidos e invisibles, pues el colorido, el aroma, el sonido, los sabores y las sensaciones que los acompañan parecen tan tangibles como los muebles e inmuebles que les rodean, pero en el concepto del turismo cultural, la vieja práctica de viajar para presenciar formas distintas de ser y hacer de una comunidad distinta a la propia, comienza a tomar un lugar reconocido y de alguna forma clasificable.

Definición "oficial" de Turismo Cultural de la Organización Mundial de Turismo

En 1985, la Organización Mundial del Turismo (OMT), aportó una definición para el turismo cultural, y explica esta práctica como:

«todos los movimientos de personas para satisfacer la humana necesidad de diversidad, orientados a elevar el nivel cultural del individuo, facilitando nuevos conocimientos, experiencias y encuentros«

y otra más, orientada a la motivación de la demanda, que precisa:

«el movimiento de personas debido esencialmente a motivos culturales como viajes de estudio, viajes a festivales u otros eventos artísticos, visitas a sitios o monumentos, viajes para estudiar la naturaleza, el arte, el folklore, y las peregrinaciones».

La primera definición es tan amplia, que difícilmente diferenciaría el turismo cultural de cualquier otro desplazamiento turístico, pues es poco probable que alguien viaje sin adquirir un nuevo conocimiento, experiencia o encuentro.

La segunda implica que el motivo fundamental de un viaje se vincula con actividades específicas, pero excluye a los turistas que deciden realizar actividades culturales una vez que se encuentren en el destino de su elección, o a quienes eligieron un destino específico debido al valor que dan al patrimonio cultural con que cuenta y planearon realizar actividades relacionadas con la cultura durante su viaje o permanecer más tiempo para disfrutar de la cultura de un lugar aunque su motivo principal fuera descansar, reunirse, recrearse, hacer negocios o cualquier otra cosa.

Autores como Mario Gaviria y Martín Rodríguez, prefieren obviar las causas y motivos para referirse a los temas prácticos del desarrollo turístico, como la disposición de elementos técnicos y económicos para la construcción rápida de infraestructura urbana y turística en los destinos; mano de obra abundante, sin pretensiones de especialización, pero dispuesta a servir y a ser educada; basando el desarrollo de ofertas en elementos de exotismo diferencial, que sin ser demasiado extraños para causar suspicacias, tengan una apariencia diferente que provoque curiosidad y un urbanismo de clase turista en el que los visitantes puedan desenvolverse sin agobios.

Este tipo de concepciones, que están más enfocadas al desarrollo económico y al bienestar de los turistas, que a temas sensibles a las comunidades receptoras, proponen aprovechar las características culturales de los destinos para el desarrollo turístico sin mayores miramientos, y se enfocan al desarrollo de una oferta competitiva cuyo objetivo es satisfacer mejor a la demanda en un ambiente cada vez más competido.

Mientras tanto, con evidencias cada vez más tangibles de la crisis ambiental, en 1987 las Naciones Unidas, en su informe Nuestro Futuro Común concluyen que es necesario generar un nuevo modelo de desarrollo más equilibrado y establecer fórmulas para:

“satisfacer las necesidades del presente, sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones”.

Eventualmente, esta definición abriría paso al concepto de turismo sustentable, que quedaría vinculado irrevocablemente con el turismo cultural y se define como:

aquel turismo que satisface las necesidades actuales de los turistas y de las regiones receptoras y al mismo tiempo protege y fomenta las oportunidades para el futuro”.

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En el estudio de viabilidad del turismo cultural en México, realizado en el 2002, en el que participamos algunos de los asociados de Identidad y Desarrollo partiendo de esa base, planteamos una definición que incorporó las posturas de la OMT sobre turismo y de la UNESCO sobre cultura quedando como sigue:

las actividades realizadas por los viajeros que llegan desde un lugar distinto a su entorno habitual para conocer, comprender y disfrutar el conjunto de rasgos y elementos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o  un grupo social en un destino específico.

Actualmente, en el glosario de la OMT, turismo cultural se define como:

un fenómeno social, cultural y económico relacionado con el movimiento de las personas a lugares que se encuentran fuera de su lugar de residencia habitual por motivos personales o de negocios o profesionales.

En Identidad y Desarrollo solíamos utilizar estas definiciones. Sin embargo ahora estamos convencidos de que abarca también las actividades que realizan las personas que habitan un territorio para vincularse con quienes los visitan.

Definición de turismo cultural idyd

Para nosotros el turismo cultural es,

el conjunto de interacciones de personas de distintos lugares en un tiempo y un espacio determinados para conocer, comprender y disfrutar la cultura.

  1. Instancias públicas y privadas que inciden en la actividad.
  2. Optimizar la gestión del patrimonio local.
  3. Enriquecer la oferta turístico-cultural y promover su disfrute entre los visitantes y habitantes locales.
  4. Replantear la promoción y comercialización para que genere mayores beneficios económicos y emocionales a quienes participan en la actividad.

Posteriormente, en 2015, participamos en el dimensionamiento del turismo cultural conducido por la Universidad Anahuac y apoyado con el Fondo Sectorial CONACYT-SECTUR, en el que se identificaron algunas de las tendencias que vale la pena tomar en cuenta para fortalecer el turismo cultural, entre las que destacan:

El proceso de apertura en la asignación de valores a los bienes patrimoniales, ha provocado que el diseño y promoción de la oferta turístico cultural incorpore las dimensiones tangibles e intangibles del patrimonio local, lo que parece hacer eco a la expresión que se refiere a ambas dimensiones como las dos caras de al misma moneda (Mounir, 2003).

La búsqueda de autenticidad trasciende el uso del patrimonio como mera escenografía y abre espacios para establecer nuevos criterios de valoración de la diversidad para el desarrollo de experiencias turístico culturales que incorporan características físicas, sensoriales e interpretativas, que le otorgan al patrimonio un valor social como elemento sustantivo de diferenciación de los sitios y localidades.

Los promotores y comercializadores de la oferta turística buscan diversificar su oferta a través de programas, actividades y eventos, incorporando experiencias multisensoriales, multipatrimoniales y multicomunicacionales, que utilizan diversos elementos de identificación relacionados con las estructuras ideológicas, históricas, estéticas y de comportamiento de los grupos que habitan las localidades que se visitan.

La oferta turístico cultural que se presenta en las fuentes que analizamos se relacionas con cinco tipos de experiencias que presentan distintos niveles de integración y especialización:

  • Experiencias estéticas e históricas en espacios arquitectónicos.
  • Experiencias socioculturales.
  • Experiencias religiosas.
  • Experiencias gastronómicas.
  • Experiencias escénicas y eventos artísticos y culturales.
  • Experiencias mixtas.

Las fronteras entre estas experiencias no son estáticas o rígidas, sino flexibles y dinámicas, y se integran en función de las características del patrimonio local en que se viven y los intereses de los visitantes.

El patrimonio arquitectónico no solo es considerado como escenografía, sino como referencia para establecer nuevos criterios de valoración de la diversidad. En este sentido, es reconocido tanto por su valor estético, su representatividad histórica o estilística y su grado de innovación en términos de los materiales o técnicas utilizados, como por su uso social, su importancia anecdótica o su relación con la vida cotidiana de los pobladores locales.

En el ámbito turístico cultural, las etapas del desarrollo histórico no siempre coinciden con las establecidas por los organismos oficiales. La mayoría de guías turísticas y touroperadores diferencian su narrativa en función de tres grandes periodos: Arqueológico, histórico y contemporáneo.

Generalmente lo arqueológico está claramente vinculado con las culturas antiguas anteriores al establecimiento hispánico en el país; en la segunda etapa se incorporan tanto monumentos, objetos, hechos históricos y costumbres que surgen en el siglo XVI hasta los de principios y mediados del siglo XX; y lo contemporáneo se vincula únicamente con la arquitectura más vanguardista de finales del siglo XX y XXI.

El espacio del turismo cultural donde se había encasillado a lo étnico y lo social, visto como folklore representacional, se reajusta para conferir un mayor valor al patrimonio colectivo, vivo y dinámico del país, incluyendo distintas expresiones populares contemporáneas.

En la conformación de la oferta, se confiere cada vez más importancia al encuentro y convivencia de los turistas con los diversos grupos socioculturales del país y se reconoce cada vez más el valor simbólico y social del patrimonio local.

Algunos elementos patrimoniales a los que no se confiere un valor generalizado tienen alto potencial para atraer a viajeros con intereses específicos de nichos particulares.

Las técnicas de producción agrícola, ganadera, pesquera y artesanal, así como las manifestaciones del mundo rural que antes eran solo reconocidas como marginales o paisajísticas, han adquirido un espacio relevante en el discurso colectivo y promocional del turismo cultural, incorporando industrias y sectores que no se consideran propiamente turísticas, a partir de las cuales se diseñan actividades de interés para los visitantes  como elementos que agregan valor a la oferta de los destinos, o como motivadores de la visita.

Los espacios sagrados se promueven con un discurso diferente para quienes se desplazan a los santuarios por devoción y para quienes buscan conocer o interiorizarse en la cultura popular, pues durante las fiestas religiosas se llevan a cabo danzas, verbenas, cantos, ofrendas y otras manifestaciones sociales de interés para los visitantes.

La gastronomía se incorpora de distintas maneras a la oferta local, teniendo en cuenta sus valores simbólicos o la fusión con técnicas gastronómicas contemporáneas y el maridaje con distintos productos vitivinícolas y bebidas espirituosas locales. Se hace énfasis en experimentar sabores, conocer la forma de preparación de los alimentos, tener una experiencia multicultural o degustar ingredientes emblemáticos con valores nutricionales y significados culturales o hasta mágicos.

Se valora el aprovechamiento de productos locales, particularmente aquellos con denominación de origen y su relación con la sustentabilidad, así como lo orgánico o puro de los alimentos cuyo consumo se promueve.

No obstante, la presencia de alimentos típicos como antojitos, gorditas, quesadillas, que pueden consumirse en puestos callejeros o mercados se reconocen como valiosos en la oferta de los pequeños sitios y localidades, particularmente la que se orienta a viajeros internacionales que buscan experiencias auténticas y de convivencia comunitaria.

En distintas fuentes comerciales se valoran las manifestaciones artísticas, escénicas y sociales que ha ido tomando espacios públicos, convirtiendo la escena urbana- parques, plazas y calles, en esferas que plasman el pensamiento de grupos específicos con comportamientos y características diferenciadas.

El manejo responsable y sostenible de las localidades y sitios, comienza también a traducirse en discurso promocional, valorizando y los esfuerzos que realizan las comunidades locales, las organizaciones no lucrativas e instituciones de apoyo hacia la preservación, desarrollo y revitalización de los recursos culturales y ambientales locales.

El diseño y promoción de los valores de los destinos, ya no está únicamente centrado entre los actores oficiales o los touroperadores, la promoción de la experiencia de los viajeros y sus recomendaciones para recorrer las distintas regiones del país a través de blogs personales y distintos medios y sistemas que permiten difundir la opinión y evaluación de los servicios y actividades (crowd soarcing), va aumentando su influencia en la conformación y difusión de la oferta local.

La fortaleza de oferta turístico cultural de las localidades y sitios se relaciona con la diversidad y representatividad social del patrimonio, la accesibilidad y conectividad, equipamiento turístico y calidad de vida de las comunidades.

Recursos culturales

La experiencia turístico cultural en las localidades y sitios se conforma a partir del conjunto integrado por su patrimonio cultural. Las actividades que se desarrollan a partir de ese patrimonio, su capacidad de acceso e interconexión, el equipamiento turístico, los servicios complementarios y la disponibilidad de estos elementos para ser disfrutados y aprovechados por los turistas culturales y por las comunidades receptoras, así como las condiciones de vida que impactan en la experiencia turística y cultural.

Como base para realizar el potencial de desarrollo del turismo cultural en cada localidad vale la pena analizar los recursos locales a partir de los cuales es posible realizar actividades que puedan ser disfrutadas por los visitantes.  

Manifestaciones indígenas. Son aquellas expresiones culturales relacionadas con la herencia directa de quienes que vivían en el territorio nacional al iniciar la colonización y que conservan sus propias instituciones sociales, económicas, culturales y políticas o parte de ellas.

Grupos urbanos. Son conjuntos de personas relacionados por sus rasgos identitarios definidos por usos y costumbres diferenciadas, que habita un territorio específico dentro de una ciudad.

Tradiciones orales y narrativas. Son todos aquellos elementos culturales relacionados con relatos y narraciones tales como leyendas, cuentos, historias y tradiciones que han pasado de generación en generación para manifestar una idea o imagen arquetípica y que forman parte de la riqueza cultural de cada pueblo además de una herramienta para su conservación y desarrollo.

Conocimientos y prácticas artesanales. Son técnicas y procedimientos para la producción de bienes con características distintivas en los que la contribución manual del creador es el componente más importante del producto acabado, que puede ser de carácter utilitario, simbólico, religioso o decorativo.

Conocimientos y prácticas gastronómicas. Es el valor cultural inherente y añadido por el hombre a los alimentos, incluyendo su cultivo, empaque, preparación, presentación, fechas u ocasiones en los que se comen o beben, sitios, artefactos y recetas. Responde a expectativas tácitas que forman parte de una memoria común y producen sentimientos o emociones específicos con sólo su mención, evocación o consumo.

Mercados (Venta de intercambio de bienes). Son espacios de convivencia, donde se lleva a cabo la venta e intercambio de bienes, servicios o productos específicos. 

Conocimientos y prácticas agrícolas. Son sistemas de uso de la tierra para la producción de alimentos, bebidas o plantas de ornato que evolucionan a partir de la adaptación de una comunidad rural o población con su medio ambiente y sus necesidades y aspiraciones de desarrollo.

Conocimientos y prácticas ganaderas. Son muestras de la tradición de la crianza, manutención o manejo de animales que son utilizados para consumo, transporte y espectáculos.

Conocimientos y prácticas de pesca tradicional. Son saberes, técnicas y costumbres relacionadas con la captura, el intercambio, el consumo de especies marinas, así como las representaciones o recreaciones de la vida de los pescadores.

Turismo Cultural Pesca El Salvador

Conocimientos y prácticas tradicionales de medicina y herbolaria. Son conocimientos y prácticas de cultivo y utilización de plantas medicinales para la elaboración de medicina artesanal, rituales de sanación y espiritualidad oriundos de las diferentes culturas, utilizados para el mantenimiento de la salud, así como en la prevención, diagnosis o tratamiento de las enfermedades físicas, mentales o espirituales.

Religiosidad. Son las prácticas y protocolos de la religión católica, se consideran particularmente aquellas que dan motivo a peregrinaciones.

Mitología y ritualidad. Son prácticas comunitarias y protocolos colectivos que se relacionan con cosmologías indígenas y que pueden involucrar a los visitantes en distintos niveles desde a la observación hasta la participación activa.

Artes escénicas. Son formas de creación, práctica y expresión simbólica tales como el teatro, la danza, la música y el cine.

Fiestas tradicionales. Son manifestaciones tradicionales que se llevan a cabo en un lugar y tiempo determinado en que se conmemora, honra, festeja o agradece alguna situación o personaje especial con carácter regular, aunque no permanente.

Festivales contemporáneos. Son situaciones o manifestaciones que se llevan a cabo en un lugar y tiempo determinado en los que se presentan artistas contemporáneos de diversas disciplinas y que convocan a personas locales, regionales, nacionales o internacionales con carácter regular, aunque no permanente.

Zonas arqueológicas. Son sitios en los que se ha preservado vestigios o evidencias de la existencia de sociedades humanas antiguas.

Zonas paleontológicas. Son sitios que contienen restos fosilizados en la corteza terrestre.

Zona de monumentos Son polígonos delimitados en los que se reconoce la traza original de las ciudades, así como  monumentos con valor histórico, construidos antes del año 1900. Generalmente están conformados por palacios municipales, quioscos, parques, iglesias, catedrales y otros monumentos relacionados de los siglos XVI al XIX.

Conjuntos de arquitectura histórica. Son conjuntos de edificios y monumentos históricos de los siglos XVI al XIX que no están declarados como Zonas de monumentos pero son representativos de las localidades y sitios en dónde se ubican.

Monumentos históricos y artísticos. Son muestras representativas de creaciones arquitectónicas aisladas, así como conjuntos urbanos o rurales que dan testimonio de una civilización particular o de un acontecimiento histórico. Se refiere no sólo o las grandes creaciones sino también a las obras modestas que han adquirido con el tiempo una significación cultural.

Iglesias y santuarios. Son inmuebles vinculados con la religión y cultura católica con valor arquitectónico o artístico que funcionan o funcionaron con carácter de culto religioso o espiritual.

Sitios sagrados y santuarios indígenas. Son lugares naturales, inmuebles o complejos culturales considerados lugares sagrados por distintas culturas indígenas.

Instalaciones industriales y comerciales. Son espacios en los cuales se generan sistemas productivos que se han ido incorporando a la herencia cultural del país y se consideran emblemáticas de un entorno geográfico, localidad o región como fábricas, haciendas, fincas, minas y destilerías.

Arquitectura contemporánea. Se relaciona con la cultura urbana y actual vinculada con la modernización, avance tecnológico, cultural y económico, a lo que se le suma la riqueza que arquitectónicamente y artísticamente representa.

Museos y Colecciones artísticas e históricas. Son los productos o artefactos materiales que expresan o dan testimonio de la creación humana o de la evolución de la naturaleza, con un valor arqueológico, histórico, artístico, científico y/o técnico, que pueden ser trasladados y que se resguardan en espacios específicos como museos, iglesias, haciendas u otros inmuebles que tienen la finalidad de salvaguardarlos y exponerlos públicamente.

Sitios naturales con valor cultural. Son sitios que guardan riquezas naturales constituidos por formaciones físicas o biológicas, reconocidos por su valor estético, científico, sagrado o de conservación de especies emblemáticas de flora y fauna.

Sitios naturales con valor cultural. Son sitios que guardan riquezas naturales constituidos por formaciones físicas o biológicas, reconocidos por su valor estético, científico, sagrado o de conservación de especies emblemáticas de flora y fauna.

Los turistas culturales

Me gusta pensar que los turistas son residentes temporales y los habitantes locales son turistas permanentes cuando pasean por su territorio para conocerlo, comprenderlo y disfrutarlo.

La mayoría de los estudiosos del fenómeno turístico, actualmente reconocen que el producto turístico se relaciona con la experiencia de viaje de los visitantes. Pero el turismo es un fenómeno social que produce también experiencias en los que reciben.

El turismo cultural se expresa, entonces, en la experiencia cultural de los viajeros y los anfitriones, que combinan una serie de elementos que a su vez son vivencias, productos o servicios que tienen valor por sí mismos aunque pueden integrarse, comprarse, venderse, distribuirse o percibirse en distintos momentos y de diferentes maneras dependiendo de las motivaciones y preferencias de las comunidades locales y los viajeros.

La complejidad que implica comparar una experiencia con un producto, es que mientras en la industria de la transformación existe un proceso controlado que transforma los insumos o entradas en productos concretos y la calidad del producto depende de la calidad de los insumos y la precisión del proceso.

Las experiencias culturales se producen entre la sensación, la emoción, la memoria y la recordación, cada persona crea su propia experiencia al interpretar lo que sucede desde dentro de si y cada persona organiza lo que percibe en un recuerdo que puede reinterpretarse en función de sus nuevas experiencias.

Cada cabeza es un mundo y es un sistema complejo que se transforma constantemente así que cada experiencia es diferente en cada momento, en cada viajero, en cada lugar.

Niveles de especialización del turismo cultural

La amplitud del concepto de turismo cultural y los distintos intereses de los viajeros interesados en las múltiples manifestaciones culturales con diferentes grados de inmersión frente al patrimonio, dan como resultado que el potencial para el desarrollo de visitas turísticas vinculadas con la cultura sea vasta y diversa. Los  viajeros interesados en la cultura tienen distintos niveles de especialización y diferentes motivos para conocer una manifestación cultural durante sus viajes.

De un lado están aquellos que buscan o encuentran alguna manifestación cultural como un valor agregado a su viaje.  Su aproximación suele ser de carácter recreativo o panorámico, Del otro lado están aquellos que viajan motivados por una manifestación cultural específica cuya aproximación a los sitios es de de carácter didáctico, estético o que reviste implicaciones más profundas y conforman segmentos especializados.

No existe un límite claro que pueda dividir a los turistas especializados de los no especializados. Pensemos que la especialización se refiere al grado de intensidad en la aproximación de cada persona a la cultura o al patrimonio local.

Y no hay tal cosa como un segmento de especializados en la cultura, la especialización se refiere al interés particular de una persona en una manifestación o una temática específica.

Puede haber especialistas interesados en arquitectura de cualquier tipo y tienen un nivel de especialización o solo en arquitectura barroca o solo en edificios religiosos barrocos o en edificios civiles barrocos o solo en bóvedas barrocas o solo en columnas barrocas.

Entre mayor es la especialización, menor tiende a ser el número de especialistas, pero esos especialistas pueden disfrutar de otras manifestaciones culturales desde una aproximación más lúdica o panorámica.

El hecho de que un turista esté interesado en una manifestación cultural específica no significa que no lo esté en otras. En general las personas tenemos diversos intereses que nos motivan a visitar un lugar u otro y realizar distintas actividades en un mismo lugar.

Sin embargo la estrategia de segmentación y el conocimiento de los grupos de interés es necesaria para desarrollar mejor políticas y programas de fomento, desarrollo y comercialización. Su aplicación es pertinente cuando se identifica con claridad una práctica diferenciada que se relaciona con las motivaciones y satisfacciones de los visitantes, las características del viaje, las actividades que realizan y la estructura operativa de las empresas que los atienden, que si no se atienden no serían elegidas por el grupo de viajeros que se busca convocar.

Para fines estadísticos un turista es aquel que viaja a un lugar distinto de su lugar habitual de residencia por más de 24 horas y un excursionista, es quien viaja sin pernoctar en el destino que visita. Ambos grupos se denominan viajeros.

Es importante mencionar que casi el 90% de los viajeros interesados en la cultura que viajan por México son mexicanos y que solo el 5% pertenecen a segmentos especializados.

En el lenguaje cotidiano se ha incorporado el término turistear como una actitud de descubrimiento aún en su propio entorno. ¿Has turisteado en tu propio barrio? ¿Te contarías como un viajero cultural?

La oferta turística-cultural de los destinos se integra al menos de tres elementos fundamentales: la infraestructura y servicios públicos, turísticos y culturales, el patrimonio cultural tangible e intangible y las actividades y experiencias que se desarrollan a partir de la presencia de ese patrimonio.

Para hablar de turismo y en particular de turismo cultural es imposible dejar fuera el concepto de patrimonio y de las comunidades que interactúan con los visitantes en un momento y un territorio.

 

La voluntad de la comunidad receptora

Cada vez más se reconoce la importancia de tomar en cuenta la opinión y la voluntad de las comunidades locales para diseñar proyectos de turismo cultural.

En este sentido, habrá que tomar en cuenta que quienes conforman una comunidad local no son una masa homogénea y homologada de individuos que bailan siempre al mismo son, que quieren las mismas cosas y que piensan de la misma manera.

Las motivaciones de cada uno de los integrantes de una comunidad engloban tanto impulsos conscientes como inconscientes, que vienen tanto del ambiente físico y social como de la particular estructura psicológica y fisiológica de cada individuo que la conforma.

Las siguientes categorías no son rígidas y los individuos pueden ubicarse en distintos grupos e inclusive cambiar de parecer conforme su experiencia en el desarrollo de los destinos.

Personas comprometidas 

Son aquellas que manifiestan su aspiración, están dispuestas a invertir su tiempo, dinero y esfuerzo para mejorar y capitalizar el desarrollo del turismo cultural en su comunidad, tanto en negocios individuales como colectivos.

Personas interesadas 

Quieren recibir algún beneficio pero no hacen nada por mejorar las condiciones del entorno o el negocio. Muchas veces cuando las personas que habitan en un lugar con potencial turístico necesitan un ingreso, o son convencidos de que la principal virtud del turismo es que puede representar ingresos adicionales, responden positivamente ante la posibilidad de recibir turistas, aunque no necesariamente todos desean interactuar con ellos, incidir en su comportamiento o mejorar su entorno.

Personas neutrales 

No están interesadas en interactuar con los visitantes u ofrecerles algún producto o servicio, pero no les molesta la presencia de personas ajenas a la comunidad. Para ellos, los turistas pueden ser simplemente parte del paisaje y no tienen inconveniente respecto a que lleguen a su localidad.

Opositores 

Se conforma por personas que expresamente manifiestan su desagrado en cuanto a la recepción de visitantes.

Esta posición puede manifestarse hacia el turismo en general o en situaciones especiales como fiestas, ferias o celebraciones, y aunque difícilmente se logra desmotivar a los visitantes, es posible y natural que los opositores tengan actitudes hostiles hacia ellos.

Habrá que analizar sus motivos y generar consensos, establecer mecanismos de control de flujos y áreas en que los locales puedan tener sus propios espacios, donde sea respetado su derecho a la intimidad.

El turismo cultural bien manejado dinamiza la economía local y genera recursos adicionales para financiar actividades culturales y productivas, produce reconocimiento de lo local que genera orgullo comunitario, provee la posibilidad de generar un intercambio cultural que promueva la creatividad y la innovación local. Además genera recursos para financiar la conservación y acondicionamiento del patrimonio cultural, motiva su gestión sostenible y le da reconocimiento público.

El turismo mal manejado, provoca tensiones, exacerba la inequidad y pone en riesgo la intimidad y la armonía comunitaria.

El patrimonio local es un asunto central de la identidad de los sitios y comunidades y da coherencia a la oferta de los destinos, como atributo diferenciador, aumenta su competitividad, como base para desarrollar actividades para los viajeros puede incidir en el aumento de la estadía, el gasto y la satisfacción tanto de los visitantes como de los anfitriones.

Sin cultura no se explica el turismo y sin viajeros que comparten su cultura, la cultura actual seguro no sería lo que es. 

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