Proyecto comunitario Naha

¿Qué implica desarrollar un proyecto comunitario?

Cada vez más se reconoce la importancia de tomar en cuenta la opinión y la voluntad de las comunidades para diseñar e implementar proyectos locales, y al hablar de un proyecto comunitario se escuchan cánticos como: “es fundamental tomar en cuenta la opinión y la voluntad de todos los miembros de las comunidades locales”.

Aunque a veces parece que este reconocimiento es más bien una especie de confesión que admite que muchas veces los proyectos comunitarios se desarrollan sin tener en cuenta las opiniones o la voluntad de quienes habitan en un lugar, particularmente cuando se orienta a personas que se consideran como vulnerables.

En Identidad y Desarrollo ejecutamos procesos de consultoría colaborativa para promover la participación de las comunidades en el codiseño de su desarrollo.

La palabra comunidad viene del latín communĭtas, y hace referencia a la característica comunes de un conjunto de seres vivos.

Desde el punto de vista biológico, se estudian, observan, clasifican y caracterizan las comunidades de individuos que comparten ciertos elementos biológicos y que habitan en un territorio determinado.

Desde el punto de vista de la tecnología, una comunidad virtual está conformada por sujetos que comparten intereses y desean interactuar a través de canales virtuales.

Desde el punto de vista empresarial, una comunidad se conforma por personas que comparten una visión, una misión y objetivos específicos que a veces se plantean desde la cúpula, a veces se construyen en conjunto.

Hablar de una comunidad local para construir un proyecto comunitario no solo es cuestión de caracterizar al grupo de personas con quienes se desarrollará el proyecto en función del territorio en que habitan o los elementos físicos, idiomáticos y culturales que los identifican, pues las personas se reconocen y se autodefinen como parte de una comunidad por diferentes motivos que incluyen sus gustos, sus costumbres, sus valores, su visión del mundo y sus objetivos personales compartidos.

Cuando un gestor llega con la idea de que sabe lo que es bueno para el grupo local y no incorpora a la comunidad en el diseño y la gestión del proyecto, no genera un proyecto comunitario, aunque lo denomine como tal.

En este contexto, podemos decir que el gestor de un proyecto comunitario se entiende a sí mismo como un intermediario, un facilitador, un promotor que vincula a personas de una comunidad para que tomen decisiones conjuntas y bien informadas sobre las estrategias, los recursos, las fuentes de financiamiento y las herramientas disponibles para gestionar los proyectos que se proponen.

Gestores de proyectos cultuales comunitarios

Gestores de proyecto comunitario

Identidad y Desarrollo, Guía de proyectos de salvaguarda cultural, 2015

Para desarrollar un proyecto comunitario, habrá que tomar en cuenta que quienes conforman una comunidad local no son una masa homogénea y homologada de individuos que bailan siempre al mismo son, que quieren las mismas cosas y que piensan de la misma manera. Las motivaciones de cada uno de los integrantes de una comunidad engloban tanto impulsos conscientes como inconscientes, que vienen tanto del ambiente físico y social como de la particular estructura psicológica y fisiológica de cada individuo que la conforma.

En todas las comunidades existen elementos que unen a algunos de sus integrantes y distinguen a otros. Estos elementos se relacionan tanto con lo que cada persona conoce de sí misma, como con lo que comprende del ambiente que le rodea; tanto con valores personales y familiares como con creencias colectivas; tanto con intereses personales como grupales.

Es lógico y normal que no todas las personas que comparten un territorio, una historia, unas costumbres culinarias o rituales tengan la misma actitud frente al desarrollo del un proyecto en su comunidad.

Por ejemplo, para desarrollar un proyecto turístico en una comunidad, generalmente nos encontramos con cuatro perfiles o ámbitos de interés en torno al turismo:

Perfiles de motivación de las personas que se vinculan con el turismo cultural comunitario

Perfiles de gestores de proyecto comunitario

(Zorrilla, El tiempo y el espacio de los viajes culturales, 2007)

Personas comprometidas

Las personas comprometidas son aquellas que manifiestan su aspiración, están dispuestas a invertir su tiempo, dinero y esfuerzo para mejorar y capitalizar el desarrollo del turismo en su comunidad, tanto en negocios individuales como colectivos.

Idealmente se responsabilizan de cuestiones concretas para lograr un desarrollo del turismo, la cultura, la comunidad y el intercambio cultural entre los anfitriones y los visitantes; reconocen al turismo como una prerrogativa atractiva el compartir su patrimonio y tener la oportunidad de establecer comunicación con los visitantes. Estas personas tienden a involucrarse de forma más proactiva en la consolidación de servicios turísticos, culturales e informativos para alcanzar los beneficios y minimizar los riesgos ambientales de la actividad.

En este grupo están los emprendedores o empresarios locales responsables, que tienden a buscar incidir en el comportamiento de los viajeros, que estructuran fórmulas para llegar a ellos desde antes de que viajen y para incidir en su comportamiento de viaje, ya sea para que visiten un destino en particular, contraten un tipo de alojamiento o servicio, realicen una actividad, compren algún producto, coman en algún restaurante, participen en algún evento, comprendan la cultura local, etcétera.

Entre las personas que manifiestan interés y compromiso algunas son automotivadas, responden a los retos del turismo a partir de sus propias experiencias, otras vienen de familias o griupos con intereses turísticos, culturales o ambientales y aprovechan la presencia de los visitantes para establecer negocios relacionados y responsables; otros, han sido impulsados por liderazgos externos. Estos últimos corren mayor riesgo de sobredimensionar los beneficios del turismo y caer en un proceso de apatía cuando no se tiene el éxito deseado, pero en todos los casos, en la medida en que las personas toman una actitud más proactiva y razonada respecto a un proyecto comunitario, los beneficios directos suelen aumentar, tanto en términos económicos como emocionales, pues son capaces de determinar sus objetivos y tomar decisiones en función de sus intereses particulares y colectivos.

Como en cualquier actividad, el obtener resultados y cumplir los objetivos planteados, suele generar satisfacción para los involucrados, pero al enfrentarse a obstáculos que impiden la consecución de sus objetivos, se genera frustración. Esta frustración puede llevar a los participantes a generar propuestas constructivas e innovadoras y aumentar la energía puesta en la solución de los problemas o a generar actitudes negativas que pueden estar entre la apatía, la agresividad y la resignación, que finalmente los lleve a ubicarse en algún otro de los perfiles de motivación.

Hemos constatado que generalmente en las comunidades rurales más alejadas, que son visitadas principalmente por trabajadores sociales, activistas sociales, antropólogos, biólogos u otros estudiosos, la expectativa de que los visitantes lleguen con ayudas específicas y propuestas de enseñanza suele ser más importante que el ingreso directo que éstos puedan generar. Por cierto, en la mayoría de estos casos, cualquier persona que viene de fuera, es considerada turista por la comunidad y la expectativa del comportamiento de los foráneos está íntimamente relacionada con su experiencia previa.

Personas interesadas

Muchas veces cuando las personas que habitan en un lugar con potencial turístico necesitan un ingreso, o son convencidos de que la principal virtud del turismo es que puede representar ingresos adicionales, responden positivamente ante la posibilidad de recibir turistas, aunque no necesariamente todos desean interactuar con ellos, incidir en su comportamiento o mejorar su entorno. Cuando la gestión del proyecto comunitario logra únicamente el deseo de un beneficio económico, es más difícil que el resultado resulte sostenible y sustentable.

Una alternativa que no siempre es analizada en los proyectos turísticos, es generar vínculos indirectos o cadenas productivas que no necesariamente impliquen la interacción física o comercial directa con los visitantes. El turismo requiere una serie de insumos que pueden ser producidos en las comunidades e incorporados a las cadenas de valor del turismo de múltiples maneras, pero se requiere establecer estrategias claras al respecto.

Personas neutrales

Las personas neutrales suelen percibir con buenos ojos a los visitantes, pues les parece que ponen un valor agregado al entorno, que su presencia dinamiza las actividades locales o que es ameno o divertido que haya personas foráneas en su comunidad.

No están interesados en interactuar con los visitantes u ofrecerles algún producto o servicio, pero no les molesta la presencia de personas ajenas a la comunidad. Para ellos, los turistas pueden ser simplemente parte del paisaje aunque no tengan un interés específico, tampoco tienen inconveniente respecto a que la actividad se lleve a cabo en su localidad.

Opositores

Este grupo se conforma por personas que expresamente manifiestan su desagrado en cuanto a la recepción de visitantes. Esta posición puede manifestarse hacia el turismo en general o en situaciones especiales como fiestas, ferias o celebraciones, y aunque difícilmente se logra desmotivar a los visitantes, es posible y natural que los opositores tengan actitudes hostiles hacia ellos.

Habrá que analizar sus motivos y generar consensos, establecer mecanismos de control de flujos y áreas en que los locales puedan tener sus propios espacios, donde sea respetado su derecho a la intimidad.

En mayor o menor medida, esto pasa también cuando queremos desarrollar cualquier otro proyecto relacionado con la salvaguarda, protección, desarrollo o disfrute del patrimonio cultural comunitario. Si es un proyecto de medicina tradicional, habrá quién considere que es fundamental mantener, recuperar y conservar la sabiduría heredada, quienes piensen que hay que seguir investigando y aprendiendo, quienes estarán dispuestos a invertir y a cooperar, quienes preferirán utilizar las medicinas tradicionales sin participar en su desarrollo, e incluso quienes pensarán que la medicina alópata es más práctica y efectiva, y hasta les parecerá que un proyecto de medicina tradicional es una pérdida de tiempo y mejor habría que si se trata de invertir en salud es mucho más conveniente buscar una clínica escéptica e institucional.

Si el proyecto se relaciona con un baile tradicional, es posible que algunos querrán utilizar los mismos materiales o vestimentas que utilizaban los antiguos, aunque sean pieles de animales y plantas en peligro de extinción, otros pensarán que es más importante apoyar la conservación de la flora y la fauna local y que es más conveniente sustituir el vestuario tradicional con materiales modernos; algunos opinarán que es buena idea usar bocinas que permitan que la música se escuche hasta el pueblo de al lado, otros que es importante controlar los decibeles y dejar que los instrumentos tradicionales canten con su propio volumen. Algunos más preferirán tomar clases de baile de salón o conformar un grupo de danza contemporánea.

No se asusten, pero tampoco dejen de abrir sus ojos y su mente para comprende que la comunidad con la que quieren trabajar está conformada por personas distintas. Piensen en cómo pueden participar los diferentes grupos de personas que la conforman, en cómo establecer mecanismos para respetar a quienes prefieran mantenerse al margen de las actividades que propone su proyecto comunitario; en cómo generar consensos respecto a los recursos culturales y naturales que les son comunes, que se relacionan con los significados de la historia pasada, presente y futura de la comunidad; en cómo potenciar las actividades que realizan sus integrantes; en cómo fortalecer sus interrelaciones con el entorno; el la manera en que se refuerza su vivencia de la diversidad.

Las creaciones que emanan de cada comunidad para desarrollar un proyecto comunitario tienen una relación directa con las tradiciones y las expresiones de la identidad cultural de la comunidad, con los distintos grupos que la conforman y con cada individuo que la integra.

¿Qué esperarías tú de un gestor que quiera desarrollar contigo y tu comunidad un proyecto comunitario? ¿Cómo funciona tu comunidad lingüística, étnica, artística, territorial, virtual, deportiva, científica, ocupacional, familiar o educativa? ¿De cuántas comunidades eres parte?

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Publicado en Alejandra Zorrilla, Cultura, Desarrollo Comunitario y etiquetado , , .